El impacto psicológico del volcán de La Palma

Paola Rodríguez Rodríguez PSICÓLOGA DE LA CLÍNICA LÓPEZ IBOR

OPINIÓN

15 nov 2021 . Actualizado a las 11:26 h.

Una catástrofe natural, como la que se está viviendo actualmente en la isla de La Palma, conlleva numerosas pérdidas a nivel material, social y personal, repercutiendo en la vida y en la salud de aquellos que la sufren. Estas situaciones, que no se conciben como un suceso normalizado en la vida diaria de las personas, requieren una adaptación forzada para las víctimas, que se ven desprovistas de las herramientas psicológicas necesarias para afrontar dichas desgracias. Afecta de manera directa a la vida de aquellas personas que residen en la isla, pero no podemos olvidar a los familiares, amigos y personas cercanas a los afectados que viven en otras localidades distintas.

La pérdida del hogar implica, a su vez, otras pérdidas, como por ejemplo a nivel familiar o emocional. Aquellos afectados que hayan perdido su domicilio pueden presentar sentimientos de vacío, soledad, tristeza, y tendrán que comenzar un período de duelo, dado que en esos hogares se quedan años vividos, experiencias, aprendizajes, y, sobre todo, muchos recuerdos.

Verse desprovisto del lugar en el que se reside puede generar creencias y pensamientos en torno a no tener nada más. Aquellas personas que vivan solas pueden percibir sensaciones de vulnerabilidad, debilidad y sentimientos profundos de soledad, lo que implicaría una carga emocional elevada.

En primer lugar, se debe tener en cuenta el impacto a nivel psicológico que se genera en las personas afectadas. En función de dicho impacto recibido, se puede comenzar a cursar con sintomatología compatible con un trastorno por estrés postraumático, ya que muchas personas han visto amenazada su integridad física y han padecido pérdidas que en muchos casos, como por ejemplo la pérdida de un hogar, pueden llegar a ser irreparables.

Por otro lado, se pueden experimentar problemas relacionados con el sueño, tanto por el impacto, como por los niveles de ansiedad, angustia y estrés adquiridos durante este período de crisis.

La sensación de angustia e incertidumbre favorecerá la aparición de este tipo de afecciones psicológicas. En esto también influye la sensación de descontrol, lo que fomentará la aparición de episodios de ansiedad e incluso pánico.

El estrés, generado por dicha situación de temor, afectará directamente a la estabilidad emocional de las víctimas, pudiendo provocar irritabilidad, enfado, ira, vivencias de soledad y también afecciones a nivel físico, como sudoraciones, aumento de la frecuencia del ritmo cardíaco, mareos, diarreas y vómitos, tensión muscular y cefaleas.

Debido a que la situación generada por la erupción volcánica se mantiene en el tiempo, las personas se verán a su vez afectadas por la ansiedad, identificándolo en sensaciones de intranquilidad y temor. El contexto se percibe como una amenaza, por lo que se aumentará el nivel de alerta de las personas, influyendo directamente en generar vivencias relacionadas con ansiedad y estrés.

Por último, encontramos el desconocimiento y la incertidumbre en referencia al momento en que acabará todo lo que está acaeciendo en el presente, junto con las posibles consecuencias que puede tener a medio y largo plazo. Esto puede llegar a producir sentimientos de desesperanza por la continua duda. Es inevitable que se generen determinadas expectativas e ilusiones a nivel personal que si no son cumplidas, añadiendo la vivencia de descontrol, llevará a esa sensación de desesperanza anteriormente mencionada.

En relación a todo lo tratado, es fundamental la implicación y ayuda a nivel social, sanitaria, y comunitaria, para poder mejorar, en la medida de lo posible, la calidad de vida de aquellas personas que se han visto afectadas por todo lo acontecido, dado que los daños producidos durante este tiempo no son solo a nivel material, sino también a nivel psicológico.