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Ahora, que digan el contenido

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Chema Moya | Efe

03 nov 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Punto primero: retiro todo lo dicho sobre las tensiones entre Nadia Calviño y Yolanda Díaz, con Pedro Sánchez por medio, en los últimos diez días. Todo tiene que haber sido una gigantesca fabulación, porque bastó una breve reunión de los tres y otros ministros para que todo se diluyera en la tranquilísima balsa de aceite de la Moncloa. Atrás quedan, como argumento de una imaginativa novela, las denuncias de injerencias de la vicepresidenta primera en territorios de la ministra de Trabajo. Atrás quedan las contradicciones del jefe del Gobierno, que unas veces habló de modernizar, otras de corregir «algunas cosas» y solo en el fragor mitinero de Valencia se le escapó el verbo derogar. Y atrás quedan las evidencias de tensión entre Díaz y Calviño, las fotos de ambas en Trujillo, sus mesurados ataques y las crónicas políticas, tertulias y todo lo dicho en este país. Dejémoslo en historia que parece ocurrida el siglo pasado.

Ahora, como si se tratara de una orden de obligado cumplimiento, toca celebrar la unidad del Gobierno, cuyos miembros piensan lo mismo sobre la reforma laboral, no muestran ni van a mostrar en unos días la menor diferencia, y los testigos de la evolución de los hechos parece que tenemos la obligación de felicitar a Sánchez por el éxito de autoridad y armonía que ayer consiguió: una vez más se alza con la victoria y la proclamación de su sentido de Estado, o lo que sea, en el más grave conflicto que enfrenta a su partido con su socio de coalición.

Lo más llamativo es lo que dijeron la nota oficial y la portavoz del Consejo de Ministros: que lo que harán con la reforma laboral es lo que figura en el acuerdo de coalición de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias; que es lo anunciado por el señor Sánchez en su discurso de investidura y es lo que consta en el programa de reformas enviado a Bruselas. ¡Ah, caramba! ¡Qué respeto a todo lo escrito y previamente anunciado! ¡Qué demostración de coherencia! ¡Qué coherencia, incluso, la de Pedro Sánchez, que parece que nunca habló de modernizar las relaciones laborales ni de cambiar «algunas cosas que se hicieron mal en 2012»! Y, como todo fue tan coherente, somos los analistas los que hemos interpretado mal las palabras, los discursos y hasta las intenciones. Para ser más políticamente correctos, las sacamos de su contexto una vez más.