La Galicia de la oposición

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

XOAN A. SOLER

15 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hablábamos ayer del discurso de Feijoo en el debate sobre política general. Dejé para hoy las respuestas de Ana Pontón y de Gonzalo Caballero. Ambos hicieron proclamaciones sugestivas y, como es natural, compitieron por demostrar quién ataca con más dureza al presidente. Por orden de intervención, el secretario general del PSdeG basa su ofensiva en algo que recuerda lejanamente a Yolanda Díaz en su etapa de diputada. Yolanda siempre acusaba a Feijoo de que su proyecto no era Galicia, sino la Moncloa, y el destino quiso que las cosas sucedieran exactamente al revés: la candidata a la Moncloa será la señora Díaz. Ahora, Gonzalo Caballero toma parecida línea de ataque y acusa al presidente de estar más «en ser líder de la oposición».

Ana Pontón quiso hacer un discurso a lo Kennedy y lanzó la idea de «una Galicia en grande», porque a su juicio la Galicia de Feijoo es chiquita, más que nada un apéndice, «un simple satélite de Madrid». Para salir de esa pequeñez, la propuesta del Bloque es un decálogo de amplio espectro sin olvidar, como buena nacionalista, el autogobierno y el reconocimiento de Galicia como nación. Cualquier otra cosa que no fuese reclamar ese estatus nos habría decepcionado. Ni Gabriel Rufián ni Aitor Esteban dicen cosas muy distintas en el Congreso, aunque el Gobierno de Madrid sea socialista y ellos sean los socios que lo sostienen.

Respecto a lo que queda en limpio del debate, es una dureza con buen tono, distante de la crispación que se sufre en Madrid; soluciones políticas diferentes a los problemas sociales, como corresponde a una sociedad plural; constatación de una talla aceptable de los nuevos líderes, y lo de siempre: los titulares y el mayor espacio mediático son para quien puede anunciar medidas concretas, que es el presidente del Gobierno. La oposición hará un buen servicio al país si consigue hacerle llegar lo que capta en la calle. Y creo que hoy están en la calle, por dolorosas, la crisis industrial y la crisis energética, que juntas siembran alarma y ponen en peligro 16.000 puestos de trabajo. La unidad del Parlamento en ese tema le daría mucha fuerza a Feijoo para sus reclamaciones ante el Gobierno central.