La Galicia de Feijoo

OPINIÓN

Xoán A. Soler

14 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Aunque muchos españoles describen nuestra política como un choque frontal entre dos bloques ideológicos -la izquierda que pacta sin límites entre el PP y los independentistas radicales, y la derecha que está obligada a ser pura y minoritaria para no tiznarse de fascismo-, la comparación entre la Galicia de Feijoo que vimos ayer en el debate de política xeral y la España de Sánchez que vemos a diario en las tiranteces de las coaliciones gobernante (PSOE-UP) y desgobernante (PSOE, UP, PNV, ERC, JxCat, TE, Bildu, CC, BNG y Baldoví) viene a demostrar que esta evidente confrontación no está determinada por cuestiones estrictamente ideológicas, sino por la diferencia que existe entre la cultura electoral que domina el espacio gallego, de características próximas a la Transición, y la que se ha instalado en el ámbito estatal, más proclive a la fragmentación del Congreso, a la sustitución de los partidos por movimientos y agrupaciones electorales inestables, y a los partidos territoriales que, tratando de imitar la estrategia de vascos y catalanes, conciben la política española como una pillota sin reglas.

Por eso vimos ayer a un Feijoo pletórico que, con una mayoría absoluta estable y coherente, redacta y tramita los presupuestos en los plazos establecidos, garantiza su aprobación, gestiona la relajación fiscal de la UE sin interpretarla como una licencia para huir hacia adelante, y desgrana su liberalismo económico y sus políticas sociales en anuncios razonables y sostenibles, difícilmente atacables por una oposición afecta a la pródiga regadera de Sánchez.

Lo curioso es que, si bien se fijan, Feijoo dista mucho de mostrarse como un gobernante liberal típico, ya que, si omitimos su discutible y poco significativa opción por la reducción de impuestos, toda su política de resiliencia y recuperación económica -industrialización subvencionada e intervenida, tendencia a resolver las deslocalizaciones de empresas mediante la intervención del poder público, cambio acelerado del modelo energético con altos costes para empresas y familias, confusión de las políticas sociales con la gestión sanitaria y educativa, y ampliación a demanda de prestaciones cuya sostenibilidad no está determinada- no traza una clara frontera con las políticas de «más madera, que se enfría la caldera» que vienen inspiradas desde la otra vertiente de A Canda.