El milagro sanchista del bien y del mal

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

Eduardo Parra

09 oct 2021 . Actualizado a las 18:51 h.

Salvo en situaciones excepcionales, como las que se dieron por ejemplo en España en nuestra Transición, los partidos defienden que sus ideas y propuestas son muy buenas y las de sus competidores son muy malas. Aunque poco provechoso para una democracia eficaz, nada de ello debe sorprendernos, porque el mercado político funciona por desgracia de ese modo desde que, en el tránsito del siglo XIX al siglo XX, los partidos se asentaron como los principales sujetos de construcción y representación de los intereses colectivos.

Pedro Sánchez, sin duda un gran innovador, ha inventado una sorprendente variedad de esa forma sectaria en que las organizaciones políticas se juzgan mutuamente. Tanto el Gobierno socialista-podemita y sus aliados como los adversarios del uno y de los otros creen firmemente que sus proyectos son la bondad misma hecha política y las de los contrarios el colmo de la maldad, pero en el caso del presidente del Gobierno se añade, además, un peculiaridad que resulta verdaderamente llamativa: una inconmovible convicción de que es su manita providencial la que puede transformar lo bueno en malo y viceversa. Un prodigio que no llega a ser como el de la multiplicación de los panes y los peces pero que ciertamente se le acerca.

Aunque son muchos los ejemplos que podrían ponerse de ese don del presidente para transformar, por su mera decisión, la que él mismo considera una medida disparatada en un acierto sin posible discusión hay tres que, por muy recientes, ilustran a la perfección esas performance de un hombre con una cualidad sin duda sobrenatural: el indulto a los presos del procés, las reformas presentadas por el Ministerio de Igualdad en materia de identidad sexual y las medidas defendidas por Podemos en relación con el precio de los alquileres.