Una señora

Javier Armesto Andrés
Javier Armesto CRÓNICAS DEL GRAFENO

OPINIÓN

ADRIÁN BAÚLDE

06 oct 2021 . Actualizado a las 19:57 h.

La señora tiene 80 años, viuda, vive sola. Un perfil común en Galicia, en España, también hay muchos señores así. Como son de la vieja escuela todavía acuden al banco a actualizar su libreta, los más osados se atreven incluso a hacerlo en el cajero automático. Cuestión de costumbres, de no querer pelearse con las nuevas tecnologías, o quizá es que han intuido que eso que los demás damos por sentado -que lo que aparece en una pantalla cuando abrimos la app del banco en el móvil, la tableta o el ordenador es indeleble- no está tan claro. Si se cae el WhatsApp y se paraliza el mundo, ¿qué pasaría si un día todas las cuentas virtuales se quedan a cero por un fallo informático o el colapso de esa realidad paralela en que se ha convertido Internet? El papel es el papel y va a misa.

El caso es que la señora revisa su libreta y se encuentra un cargo inesperado. Son solo 15 euros, una minucia para algunos, un disgusto para muchos. Así que acude a la sucursal y allí le explican amablemente que han cambiado las condiciones, que lo firmado en su día es papel mojado. Ahora le cobran 15 euros cada tres meses por custodiar su dinero, y suerte que tiene una pensión superior a 300 euros y todos los recibos domiciliados, si no serían 160 al año. Por sacar efectivo en ventanilla -su dinero- le aplican una comisión de 2 euros. Si quiere hacer una transferencia, lo mismo: o a través de la aplicación (recuerden, 80 años) o a pasar por caja y apoquinar.

Pero todo tiene solución: para que no pague comisiones le cambian su tarjeta de débito por una de crédito, una de esas tarjetas revolving que están en los tribunales por la falta de transparencia y el riesgo de que te pasen elevados intereses -hablamos de cerca del 20 %-, como denuncian las asociaciones de consumidores. La señora, obviamente, no lo sabe, aunque lo de revolving suene a Gary Cooper en Solo ante el peligro, y firma como una bendita.