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Puigdemont vs Llarena: el «thriller»

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

CLAUDIA SANCIUS | Efe

05 oct 2021 . Actualizado a las 09:56 h.

El duelo que mantienen desde hace cuatro años el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont y el magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo Pablo Llarena daría para uno de esos thrillers que entremezclan la acción que implica la caza de un fugitivo con un embrollo judicial habitualmente incomprensible, que no pasa de ser el Macguffin del que hablaba Hitchcock. El prófugo que burla la ley en el maletero de un coche, evita luego ser detenido con argucias legales y salta de país en país escapando siempre de la Justicia cuando parece que va a llegarle su hora. Y, frente a él, un juez testarudo y prácticamente anónimo que mantiene implacablemente, pese a todas las adversidades, su propósito de sentarlo en el banquillo sin más armas que el Código Penal, un despacho y un ordenador.

Ese juez que persigue al fugitivo no pierde la templanza pese a ser sistemáticamente boicoteado no solo por los tribunales de los países por los que el prófugo se mueve, sino por el propio Gobierno de su nación -aliado de quienes apoyan al fugado-, que va poniendo palos en sus ruedas judiciales, llegando al extremo de mentir a la Justicia europea, a través de la Abogacía del Estado, para hacerle creer que el juez, cansado de tanto revés, ha desistido y no exige ya su detención y entrega. El trepidante guion se aderezaría además con subtramas como la de que el mediático abogado que aparece siempre junto al fugitivo es un condenado por colaborar con ETA en el secuestro del empresario Emiliano Revilla y está acusado actualmente de blanquear los capitales del narco gallego Sito Miñanco.

El principal problema es que la exigencia de todo buen thriller es que el malo sea atractivo por su inteligencia o simpatía, para que el espectador empatice a veces con él pese a saber que es culpable. Y Puigdemont no pasa de ser un saltimbanqui de la política con el que es difícil empatizar. Un pícaro sin fuste intelectual, cazado ya en mil renuncias y traiciones, que delira a lo Napoleón e insiste en que es el presidente de una república inexistente, aunque en Cataluña hasta los suyos están ya hartos de él.