Trata de personas: cuando la solución es una pesadilla

Jaume Sanllorente FUNDADOR Y DIRECTOR GENERAL DE SONRISAS DE BOMBAY

OPINIÓN

DIVYAKANT SOLANKI | Efe

01 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Begum está casada y es madre de dos hijos. La pequeña de cuatro hermanos nació en Satkhira district (Bangladesh), en un hogar humilde. Casada a los 13 años, cuando estudiaba octavo, dejó los estudios un año después cuando tuvo su primer hijo. Con la llegada del segundo y las dificultades de su marido para encontrar trabajo, se hizo muy difícil llegar a fin de mes. Begum se atrevió a plantear a su marido la posibilidad de trabajar ella también. Él lo pensó mucho y accedió.

Pero tampoco fue fácil para ella y, finalmente, mediante una agencia consiguió un puesto de limpiadora en Arabia Saudí. Financiar los primeros gastos del papeleo ya les supuso un esfuerzo económico que les llevó a endeudarse. Asumieron el riesgo, porque parecía relativamente sencillo recuperarse con los primeros sueldos.

Begum viajó con 40 mujeres más hasta Dubái. Los tres primeros días todo fue bien, pero no había pasado ni una semana cuando una noche su jefe se presentó en su habitación y la violó, y así fue día tras día. Begum estaba muy asustada, sola y avergonzada. Cada vez que intentaba pedir ayuda, su jefe se enteraba y la situación empeoraba. Tampoco le pagó. Le dijo: «Te he contratado por dos años, cuando te vayas, te pagaré». El estado mental y físico de Begum era cada vez peor. Un día, tras una brutal paliza, la encerró y Begum amenazó con suicidarse. Ante esta amenaza, la liberó y le dio dinero para irse en autobús a la ciudad. Desesperada, consiguió contactar con la embajada y con su ayuda pudo volver a casa.