El papa y el aniversario de la independencia de México

OPINIÓN

Sáshenka Gutiérrez | Efe

30 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Estoy asombrado con la polémica que se ha armado con la carta que el papa Francisco ha enviado al presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano con ocasión de este bicentenario. Creo que nunca antes un texto eclesial de 25 líneas y meramente protocolario había dado para tanto. Y hay que llamar a las cosas por su nombre: tanto las declaraciones de representantes de Vox y de Isabel Ayuso como ciertos titulares periodísticos («El Papa entra en el juego de AMLO y pide ‘perdón por los pecados' de la Conquista de América», señaló El Mundo; «El Papa Francisco pide perdón a México por los ‘pecados cometidos' en la Conquista española», pudimos leer en ABC) son mentira y no se atienen al texto.

El párrafo en cuestión, para que ustedes juzguen por sí mismos, dice lo siguiente: «Para fortalecer las raíces es preciso hacer una relectura del pasado, teniendo en cuenta tanto las luces como las sombras que han forjado la historia del país. Esa mirada retrospectiva incluye necesariamente un proceso de purificación de la memoria, es decir, reconocer los errores cometidos en el pasado, que han sido muy dolorosos. Por eso, en diversas ocasiones, tantos mis antecesores como yo mismo, hemos pedido perdón por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización. En esa misma perspectiva, tampoco se pueden ignorar las acciones que, en tiempos más recientes, se cometieron contra el sentimiento religioso cristiano de gran parte del Pueblo mexicano, provocando con ello un profundo sufrimiento. Pero no evocamos los dolores del pasado para quedarnos ahí, sino para aprender de ellos y seguir dando pasos, vistas a sanar las heridas, a cultivar un diálogo abierto y respetuoso entre las diferencias, y a construir la tan anhelada fraternidad, priorizando el bien común por encima de los intereses particulares, las tensiones y los conflictos».

Huyendo de todo atisbo de autocomplacencia, el papa expresa un pensamiento bien sencillo y cabal: siempre hay luces y sombras en la vida de las personas y de las comunidades, hay que reconocer tanto las unas como las otras para seguir avanzando. Reconoce, por ello, que la Iglesia no siempre lo ha hecho bien en estos 200 años de historia de México (no habla para nada de períodos históricos anteriores) y subraya, también, que el Estado mexicano no siempre ha tenido una relación respetuosa con los católicos (sobran los ejemplos al respecto). Y todo ello lo hace mirando al futuro, no para enfangar.