Olaf Scholz y esa palabra que suena antigua: respeto

Nicolás González Casares DIPUTADO EN EL PARLAMENTO EUROPEO. GRUPO DE SOCIALISTAS Y DEMÓCRATAS

OPINIÓN

20 sep 2021 . Actualizado a las 08:39 h.

El próximo 26 de septiembre, las elecciones alemanas abren un curso crucial no solamente para el devenir del país sino del conjunto de la Unión Europea pues, en el plazo de seis meses, Europa afrontará procesos electorales decisivos en sus dos motores principales: Alemania y Francia.

En primavera, nadie esperaba que el candidato de los socialistas alemanes (SPD, Olaf Scholz, actual ministro de Finanzas y veterano político, pudiera levantar al histórico SPD de una tendencia cronificada de malos resultados. Sin embargo, a escasos días de las elecciones, es el favorito. Muchos atribuyen esta subida trepidante del candidato socialdemócrata al poco gancho de Laschet, el que respalda la conservadora coalición entre CDU y CSU, y a los errores de este y de la candidata verde, Analenna Baerbock, desde el lanzamiento de la carrera hacia la cancillería.

Atribuir a esto la posición de ventaja actual del candidato del SPD no sería justo, ni tampoco al mero hecho de que la sociedad alemana desee un canciller fiable, en línea con Angela Merkel. Si bien es cierto que Scholz ha jugado a ello apareciendo en carteles de campaña con la palabra canciller en femenino, es evidente que ofrece algo más.