Desarrollo desigual e incertidumbre

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

COSTAS BALTAS

20 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En 1957, bajo el seudónimo William F. Warde, George Novack escribió La ley del desarrollo desigual y combinado de la sociedad. El asunto venía de muy atrás, pero fue Hegel el que le otorgaría carácter y prestancia histórica, filosófica y social. Novack, en realidad, fue el que popularizó la ley. Y hoy todavía se habla, principalmente politólogos y teóricos, de la enjundia o desazón de tan conspicua argumentación. Lenin podría servir de ejemplo de aplicación práctica de la teoría. Fundamentó su análisis de la primera etapa de la revolución rusa en 1917 en esta ley. Así, en Cartas desde Lejos escribió desde Suiza a sus camaradas bolcheviques: «el hecho de que la revolución (de febrero) haya ocurrido tan rápidamente... es debido a una coyuntura histórica inusual donde estaban combinados, de una manera ‘‘altamente favorable’’, movimientos absolutamente distintos, intereses de clases absolutamente diferentes y tendencias políticas y sociales absolutamente opuestas». Dejando Lenin a un lado, los teóricos del actual socialismo debieran reflexionar sobre esta cuestión. Llegaron al poder gracias a una coyuntura histórica que, a la larga, se ha vuelto contra ellos. Los marxistas ortodoxos no reconocieron nunca los desaciertos de la ley escrita por Novack. Quizá sea el momento de que los no marxistas, o sea, los del PSOE que viene de Felipe González, comiencen a ejercer la reflexión en torno a su desorientado partido y a Pedro Sánchez, un presidente que gobierna a base de golpes de efecto. Lo de las eléctricas ha sido su culmen.

 

Novack afirmaba que las causas no siempre devienen en las mismas consecuencias: «La regla que dice que las mismas causas producen los mismos efectos no es incondicional y general. La ley es solo valida cuando la historia produce las mismas condiciones, pero generalmente hay diferencias para cada país y constante cambio e intercambio entre ellos». Si esto lo trasladamos a ámbitos ejecutivos no dejaría de tener pertinencia. Sube el precio de la luz (causa) y el desbarajuste gubernamental aplica medidas confiscatorias populistas propias de regímenes no democráticos (consecuencia). Y así, dejando teorías aparte, concluyo que presenciamos el agotamiento del Gobierno de coalición y necesitamos con urgencia unas nuevas elecciones generales. Los vaivenes del Ejecutivo no pueden ni deben ir más allá. Nos estamos jugando el futuro de varias generaciones. Y así, mientras los gestores de la economía van por un lado, los de Podemos van por el otro. Y así, mientras Marlaska dice una cosa, los otros asumen la contraria. Así, mientras unos quieren mantener la ley que ha propiciado que ahora no estemos en la absoluta ruina (la reforma laboral de Rajoy), otros desean arrojarla en el muladar más cercano. Intereses de clases absolutamente diferentes y tendencias políticas y sociales absolutamente opuestas, decía Novack. El país habita el fracaso y la incertidumbre. El precio de la luz y las medidas de Sánchez son su paradigma.