¿Quién paga los daños del jabalí?

Cartas al director
Cartas al director CARTAS AL DIRECTOR

OPINIÓN

PEPA LOSADA

14 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Los daños del jabalí y los tecores 

Apefasa y Unións Agrarias tienen toda la razón del mundo. En sus declaraciones dejan claro que es el jabalí -y la fauna salvaje en general- el que con los daños que genera hunde a los que viven del campo y de la ganadería. Los daños generados por la fauna cinegética, dentro del perímetro de los tecores, tienen que ser pagados por dichos tecores. Si no lo hacen, lo lógico es que sean denunciados. Existen tecores responsables contratando un seguro para esas situaciones. En cambio, otros ni les da la gana de tener un seguro ni de pagar. No acatan sentencias, y quieren que se modifiquen las leyes. Lo peor es que hay políticos que les siguen el juego. Y algunos representantes de cazadores ante la Xunta, también. En este caso, quieren que se modifique la ley de caza para que sea la Administración la que responda económicamente a los daños generados. Quienes recurren a la justicia para que se aplique la ley no están en guerra con nadie, no dividen a nadie. El problema tiene fácil solución. Los tecores son los responsables de pagar los daños que producen los animales salvajes dentro del perímetro de sus terrenos. Existe un altísimo porcentaje de cazadores que piensan así. Y, hablando del jabalí, ¿por qué los que quieren cambiar la ley se oponen a su caza? La Consellería de Medio Ambiente, en el año 2019, informó de que se permitiría la caza del jabalí «al salto» y «en mano». A día de hoy esta promesa aún no se ha hecho realidad. José García Davila. Vigo.

 «Nin lubinas nin sardinillas» 

Hace un par de semanas leí con mucho interés, como tantas veces, la columna de Víctor F. Freixanes. Me pareció un ejercicio de buen saber y buen decir. El título era Nin lubinas nin sardinillas. Y a continuación enumeraba los nombres que «na lingua do país» recibían algunos peces: robaliza (lubina), ollomol (besugo), parrochiñas, xoubas (sardinillas)…. Después añadía que daba rabia ver cómo se perdía esta riqueza en las cartas de los restaurantes, ya que sucede en contadas ocasiones que estén escritas en gallego. A pesar de ello, algunos clientes denunciaban en las redes el hecho de encontrar los menús en la lengua del país. Él les diría con cariño que les agasajan con lo mejor que tienen, con lo más íntimo, lo más sentido: el idioma. Y acababa que, para no «levantar murallas», les explicaría a los nuevos amigos que al hablarles en su lengua, les ofrecía su casa y les dejaba entrar en lo más íntimo de ellos. Yo me cuento entre uno de esos amigos, que no hablo gallego, pero que siempre que he venido a esta tierra me habéis ofrecido todo lo vuestro. A veces, incluso, echo en falta que me habléis más en una lengua que tiene tanta historia y tan extraordinarios escritores. Agradezco los artículos de La Voz en gallego. Ana María Agustí Ferrer. Ares.

 Cuando lo veo engolado

El refranero español suele ser muy preciso: «dime de qué presumes y te diré de qué careces». Es lo que se llama «la falsa autoestima». La sensación de que uno mismo es imparable, de que lo puede todo, más que los demás, que deberían agradecerle lo que hace por ellos. Engolado es lo mismo que altisonante, presuntuoso, petulante o afectado según dice el diccionario. Y así nos va. Son personas que alardean de escuchar a todos, de ser comprensivos y tolerantes, pero lo malo es que sobre todo se lo dicen a sí mismos, convencidos de su valía. No le dirías alguna vez, le veo engolado señor Sánchez. Pedro García. Gerona