El esperpento de un viaje a Londres

Cristóbal Ramírez AL DÍA

OPINIÓN

VUELING

06 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Misión: llegar a Londres saliendo de Lavacolla. Aviones hay, ya que Vueling opera esa ruta con destino al aeropuerto de Gatwick. Pero lidiar con la burocracia que impone Gran Bretaña no resulta nada fácil. Y entra en la categoría de lo imposible para quien ignore el idioma de allá. El cronista -vacunado y con las dos dosis iguales, puesto que si se trata de vacunas diferentes ya no puede viajar a ese país- se somete tranquilo a una PCR, que, claro está, da negativa. No puede redactarse en gallego ni valen antígenos. A partir de ahí, y con la ayuda de una agencia de viajes, recibe un enlace con dos formularios que procede cubrir en línea. En inglés, por supuesto.

Los formularios resultan ser bastante enrevesados. Y lo son porque esconden pequeñas trampas, no ya porque pregunten hasta fila y letra de su asiento, sino porque de repente se abre una ventana que pide explicaciones complementarias, hay que repetir, en inglés. Por ejemplo, da tres posibilidades para que la Administración británica se contacte con el indispensable móvil (sin móvil y sin correo electrónico no se entra): por llamada, por SMS o da igual. El cronista marca SMS. Y sale la ventanita interesándose en el por qué -parece ser es digno de sospecha eso de no querer hablar- o se acaba ahí el viaje.

En paralelo, una web muy complicada indica cientos de sitios donde el futuro visitante tiene que hacerse otra prueba en las 48 horas después de haber aterrizado. O uno marca a rumbo y a esperar que no le quede a dos horas de dónde está, o bien tiene un domicilio exacto para recibir ahí el material (que luego llevará al correo) o bien recurre a los amigos ingleses, que son los que cubren otro formulario y ponen su visa para concertar y pagar, confiando en la devolución del dinero por parte del viajero.