Irene Montero y su tenderete «feminista»

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

Xoán Carlos Gil

01 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Acierta Inés Arrimadas cuando sostiene que España es uno de los mejores países del mundo para nacer mujer. En realidad, su afirmación podría extenderse a toda Europa e incluso a todo el mundo occidental, que ha visto cómo desde el período de entreguerras y, sobre todo, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, las mujeres han ido ganando posiciones crecientes de igualdad de forma sostenida en todos los terrenos.

Me adelanto a aclarar que ese avance -que, en realidad, ha supuesto una de las revoluciones más significativas del siglo XX- no significa que no quede todavía camino por recorrer en el terreno de la igualdad entre sexos, aunque tal trecho sea infinitamente menor que el ya recorrido en los últimos cien años. De hecho, y con la gran excepción de países con regímenes islamistas radicales, que han supuesto para las mujeres un retroceso de centurias, la defensa de la discriminación de las mujeres por el mero hecho de serlo ha perdido toda respetabilidad y es hoy el prototipo de la barbarie en medio de la civilización.

Nada de eso parece importarle, sin embargo, a Irene Montero, quien, nombrada a los 31 años ministra por quien era entonces su pareja, acaba de comparar la situación de las mujeres en España y en Afganistán. Tan atroz paralelismo -«ofensiva para las mujeres afganas y para nuestra democracia», denuncia Arrimadas, en medio del ominoso silencio del PSOE- no ha sido un mero desliz, pues la ministra de Igualdad (que lo sea parece un chiste de mal gusto) se ha explayado en explicar que en todos los países hay formas «de oprimir a las mujeres» y que «pasa en Afganistán, con el derecho al acceso a un empleo, a la educación y a la salud, pero también pasa en España con tasas intolerables de asesinatos por violencia machista». La ministra remató su faena proclamando que no hay que entrar en «una competición o ránking a ver quién es más machista» y llamó a «generar alianzas entre procesos de emancipación para acabar con el patriarcado».