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Escritura memorialística de las emociones

Francisco Martelo SECRETARIO GENERAL DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA DE GALICIA

OPINIÓN

CESAR QUIAN

27 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La pandemia ha acorralado durante muchos meses a la gente activa en el rincón de pensar de su casa. Ha sido tiempo suficiente para que Javier Martínez Pérez-Mendaña escriba un libro. Es un texto de escritura memorialística, podríamos considerarlo una autobiografía. Sin duda es mucho más, porque la historia del yo, eje central del libro, sirve de pretexto para contarnos acontecimientos trascendentes ocurridos durante estos años. En estos momentos en que estamos tan atosigados con los trastornos de la memoria, como las demencias tipo Alzheimer, es confortante que en algunas personas la capacidad para recordar continúe siendo un motor literario de trascendencia, al hacer de lo recordado algo indeleble a través de la escritura.

El autor, médico reconocido y respetado, incansable jefe del servicio de Ginecología y Obstetricia del hospital de la Seguridad Social Arquitecto Marcide de Ferrol durante más de 30 años, católico practicante, entusiasta de la bioética, vuelca en el libro su experiencia personal y profesional y su pasión por el estudio. Es, además, una reflexión sobre el tiempo político y social atravesado durante esos años, con aportaciones filosóficas y éticas, pero sobre todo con el relato de las emociones y de las cosas buenas encontradas en el constante caminar. Curioso que no haga mención de los malos momentos, como hace la gente que no posee, como sí tiene él, un perfil bondadoso y solidario; al tiempo que soslaya el recuerdo de amigos desaparecidos. Apenas aparece la cita de los menesterosos que vivían en Pontedeume en los años de posguerra. La memoria está preñada de subjetividad, pero en su caso es de subjetividad positiva.

Sin embargo, se desnuda ante el lector y es capaz de contar los malos momentos personales, como cuando la lluvia cae directamente en el alma durante los episodios de depresión sufridos, o cuando tiene que llorar en la soledad del ascensor del hospital tras la muerte de un recién nacido por el error de haber sido inyectado por personal del servicio con medicación que pertenecía a la madre.