La UE inaugura su derrota

OPINIÓN

Jesús Hellín | Europa Press

23 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La UE es una extraña y caótica potencia que, a pesar de tener 27 embajadas en cada país, carece de política exterior, y que, a pesar de tener 27 ministros de Defensa, 27 Estados Mayores, más de 2.000 generales y dos docenas de armadas invencibles, carece de política de defensa. Quizá por eso, para tapar sus vergüenzas, acaba de celebrar en la base de Torrejón de Ardoz, con Sánchez de anfitrión, un acto de difícil interpretación, que solo un politólogo como yo -jubilado, irónico, profesor ad honorem y libre para entender, decir y escribir- puede analizar en sus justos términos.

Al acto de la UE acudieron Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión, y Charles Michel, presidente del Consejo, que, por no tener victorias ni hazañas que celebrar, decidieron inaugurar la derrota total que acabamos de sufrir en una guerra a la que no queríamos ir, y a la que fuimos arrastrados por la necesidad de adular al primo de Zumosol -vulgo USA- al que tenemos subcontratada la defensa de nuestros valores y territorios. La hazaña más jaleada en Torrejón fue la capacidad demostrada por nuestras tropas para ir por separado, y sin órdenes expresas, a la no guerra, y para aguantar veinte años encerrados en sus bases, protegidas por USA, sin más alivio que salir de paseo algunas tardes -esta vez en blindados y helicópteros- como cuando hacíamos la mili. También se valoró mucho la entonación de emotivos villancicos, en tierra de infieles y durante veinte Navidades, para demostrar lo bien que suena Noche de paz cuando la cantan soldados profesionales armados hasta los dientes.

Las conversaciones informales de los tres dignatarios versaron sobre la insolidaridad de los americanos que, manteniendo el control del aeropuerto de Kabul, y una flotilla de helicópteros para llevar hasta el avión a sus refugiados, dejan que los europeos -indefensos, abrumados, divididos y con Francia y Alemania pactando por separado, con USA y los talibanes, su particular salvamento- le demos a nuestros refugiados docenas de órdenes diferentes, inútiles e inaplicables, para que vayan al aeropuerto y esperen en la sala VIP, tomando un cafecito, a que salgan nuestros colosales aviones, con destinos y banderas diferentes, todos semivacíos, y sin que seamos capaces de adelantarles claramente -¡vaya por Dios!- cómo han de usar el certificado de vacunación en el ansiado ocio nocturno de la UE. ¿Se puede hacer peor?