Puig y Escrivá cabalgan de nuevo

OPINIÓN

Ana Escobar | Efe

07 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En el festival de ocurrencias que, promovido por el Gobierno, se abatió sobre España, se vislumbra que la prometida reforma fiscal de Sánchez -justa, feminista y confederal- va a alumbrar urbi et orbi los siguientes impuestos: un impuesto a los ricos de Madrid para contrarrestar la ventaja que les da la capitalidad; un impuesto a las zonas costeras -salvo a Barcelona, que tiene trato bilateral- para compensar a Madrid y a toda la Meseta por no tener mar y no poder optar al PIB del turismo; un impuesto a los sevillanos y cordobeses que servirá para rebajar el coste de la calefacción en Soria y Burgos; un impuesto a los de Soria y Burgos para pagar el aire acondicionado de Córdoba y Sevilla; un impuesto a Palencia, Zamora y Guadalajara, donde nunca pasa nada, para compensar el gasto en mobiliario urbano que, en su afán de modernizar el país, soporta Barcelona; un impuesto a los de Forcarei, para contribuir al alumbrado navideño de Vigo, que hasta ahora hemos disfrutado de gorra; y un impuesto a los clubes de fútbol con mejores cuentas para compensar al Barça por la pérdida de Messi y por la deuda milmillonaria que ha generado para prestigiar la Liga española.

Esta memez, que les adelanto con ánimo pedagógico, viene a demostrar tres cosas. Que cuando el sistema se desordena, y el Gobierno necesita el apoyo de las taifas, todo -salvo el orden, la racionalidad y el buen gobierno- es posible. Que cuando, en vez de la ley y el sentido común, se imponen el chantaje que practican los ricos y la pillota a la que están obligados los pobres, el criterio de eficiencia se invierte, hasta hacer posible que la culpa de los problemas de España la tengan los mejores y que, a la hora de crear una fiscalidad feminista y resiliente, en vez de empujar a los de abajo hacia arriba, se empuje a los de arriba hacia abajo. Y, por último que, por más preparado que esté un político, y por más y mejor que el pueblo lo valore, si se mete en una jaula de grillos acaba cantando como los grillos, y por muy Escrivá que se llame acaba siendo el mayor bluf de un Consejo de Ministros y Ministras con 22 sillones.

Vean, si no, lo que se le ocurrió a Escrivá a propósito del recargo fiscal contra Madrid que sugirió el inefable Ximo Puig: «Es una idea que hay que seguir explorando y tiene mucho recorrido». Porque este sabio ministro da por supuesto no solo que es una buena idea, sino que la Constitución le va a permitir castigar a los ricos que tengan la osadía de vivir en Madrid, en vez de hacerlo en Barcelona, que va a favorecer el concepto de armonización fiscal que busca la Generalitat -es decir, que todos paguemos como los que más dinero dilapidan-, y que con este tesoro robado -¡pobre chico!- podrá pagar las pensiones.