La eutanasia frente a lo profesional

Juan Santos Suárez MÉDICO DE CUIDADOS PALIATIVOS

OPINIÓN

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26 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El 25 de junio del 2021 entró en vigor la ley reguladora de la eutanasia. Los profesionales sanitarios están obligados a realizar el acto eutanásico salvo que se acojan a la objeción de conciencia, es decir solo aquellos profesionales que se inscriban en un registro establecido no podrán ser llamados para acabar con la vida de aquellas personas que quieran hacer uso de este nuevo derecho. Así pues la ley usa la formación y capacitación de estos con una determinada finalidad: dar muerte.

Existe una preocupación en gran parte de estos profesionales ante la posibilidad de verse inmersos en una nueva realidad: la demanda de eutanasia realizada por una persona que padece «una enfermedad grave e incurable o un padecimiento grave, crónico e imposibilitante». El acto eutanásico atenta contra el juramento hipocrático, el código deontológico y la mora. También contra valores de profesionales sanitarios que trabajan con la intención de recuperar o preservar la funcionalidad y/o bienestar de enfermos en los que tratan aquella sintomatología que menoscaba la salud e integridad en la recta final de su vida.

La ley obliga a todas los solicitantes de eutanasia a un acceso previo a unos «cuidados paliativos integrales», lo que supone que se cuente con aquellos equipos de cuidados paliativos que trabajan actualmente en este campo de la medicina y cuya actividad asistencial es de por sí ajena a acabar con la vida de la persona enferma. La mayor parte de estos profesionales no desean verse inmiscuidos en esta prestación ya que se corre el riesgo de asociar la atención de un equipo de cuidados paliativos con el acto eutanásico.