El relato de la remodelación no cuadra

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

R.Rubio.POOL

13 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Las nuevas ministras y ministros -ignoro si hay ministres- tienen ya sus carteras. Pero Pedro Sánchez sigue sin dar respuesta a la gran paradoja. Asegura que el objetivo de su escabechina de San Cristóbal es dar paso al Gobierno de la recuperación económica. Pero si algo se mantiene inalterable en este Ejecutivo es precisamente toda la estructura económica, con Nadia Calviño a la cabeza -sin ganar una sola competencia más-, acompañada de la titular de Hacienda, María Jesús Montero, el de Seguridad Social, José Luis Escrivá, y la de Trabajo, Yolanda Díaz. Ni una novedad por ahí. Y por eso Sánchez, como presidente nuestro que es, nos debe una explicación. Queremos saber por qué la recuperación y las grandes reformas económicas que necesita España pasan por hacer ministras a las alcaldesas de Puertollano, Gavá y Gandía y a la delegada del Gobierno en Aragón; cambiar a Campo por Llop en Justicia o acabar con el despropósito de González Laya en Exteriores. Tampoco creo que nombrar a Iceta ministro de Cultura ¡y Deporte!, al margen de parecer una broma, sea un movimiento estratégico que vaya a provocar una sacudida en los mercados internacionales.

No digo que no sean movimientos de calado, porque liquidar a siete de los diecisiete ministros que controla -Unidas Podemos tiene su gobiernito autónomo- no es poco. Pero los relevos no tienen más objeto que apuntalar a Sánchez, borrar huellas y dejar claro quién manda aquí. Que se lo pregunten a José Luis Ábalos, el Luca Brasi del presidente, que se veía como vice primero. El problema es que aquí se crean mitos políticos a la misma velocidad que se destruyen. El campechano Ábalos no era absolutamente nadie en el PSOE nacional hasta que tuvo la fortuna de apostar por Sánchez en las primarias como quien juega sus últimas fichas del casino al 22. Y le toca. Pero, a juzgar por algunos epitafios leídos, parece que se va Guerra. Ni nadie lo echará de menos, ni tiene Ábalos batalla que plantear en un PSOE genuflexo ante Sánchez, a pesar de que lo máximo que ha conseguido en siete años son 123 escaños, que ahora son 120.

Cayó también el mito de Iván Redondo el terrible, otro intocable, pero ya hemos creado el de Félix Bolaños, hombre inteligente pero retratado ahora como si fuera un Leonardo de la política pese a estar en el corazón de la chapuza de Murcia, el esperpento de los indultos y otras genialidades. Sánchez alumbra escenarios ficticios a su antojo para justificar sus urgencias electorales. Hace dos meses nos dijeron que era la democracia misma la que estaba en peligro. La ministra Reyes Maroto -otra que sigue- se retrató a las puertas del Congreso con una foto gigantesca de una navajita de llavero que un perturbado envió al ministerio dentro de un sobre en el que puso su propio remite. «En España todos los demócratas estamos amenazados de muerte», clamó Maroto, como si esto fuera Haití. De aquellos sobres y de esa emergencia nacional nadie se acuerda ya, como nadie recordará a los ministros cesantes. Tempus fugit. O más bien, diría Pedro Sánchez, carpe diem.