El nuevo rey sol y el ministro Iceta

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

Alberto Ortega

12 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Dicen las malas lenguas que el ministro (¡de Cultura y Deportes!) Miquel Octavi Iceta i Llorens se fue de la universidad después de no lograr aprobar el primer curso en cuatro años. Cosa de las malas lenguas. Lo cierto es que inició las carreras de Ciencias Químicas y de Ciencias Económicas en la Autónoma de Barcelona pero prefirió centrarse en la política. Se afilió al Partido Socialista Popular de Cataluña en septiembre de 1977 y en 1978 a la Juventud Socialista de Cataluña y al PSC. Desde entonces ha vivido para la política y de la política. Concejal en el Ayuntamiento de Cornellá de Llobregat y mano derecha de Narcís Serra, que lo nombró director del departamento de análisis del gabinete de la Presidencia del Gobierno. Análisis, dije, y es cierto.

Desde entonces su carrera política ha ido en ascenso. No se le conoce otra profesión. Iceta no es solo una anécdota en el neogobierno de Sánchez, es el espejo. En él se reflejan los valores esenciales del peor Gobierno de la democracia española. Con diferencia. El peor Gobierno imaginable por cualquiera que haya seguido la política en los últimos cuarenta años. Yo diría que como ciudadano español nunca he sentido mayor vergüenza. Pero qué importa la vergüenza. España la ha perdido hace mucho tiempo. Y Sánchez lo sabe. Por ello ha construido este Ejecutivo de estío: banal, circunstancial e incomprensible. Refleja quién fue y es Pedro Sánchez: un hombre leal únicamente a sí mismo.

Pero no abandonemos a Iceta y a la Cultura. La cultura a Sánchez le importa únicamente por los votos. Porque la cultura en España es de izquierdas o no es, una aseveración que he repetido desde hace muchos años. La cultura, el «mundo de la cultura», se lo han apropiado y genera no solo votos, sino ideología. Los votos cada vez parecen más arrimados a la irracionalidad. Imagino a los de la ceja de Zapatero, encantados. Es uno de los nuestros, dirán. Efectivamente, el país de Cervantes y Velázquez, de Rosalía y Cunqueiro, es ahora el país de Almodóvar y la corrección política exasperante. Yo no puedo más. Imagino que muchos de los lectores de La Voz, tampoco. Santificamos la incultura, el despropósito, la excelencia, en aras de la igualdad: igual da, quiero decir. Importa lo mismo tener al frente del Ministerio de Cultura a un Iceta que a un sabio. Importa lo mismo estar preparado que no estarlo. En el país de las falsas tesis doctorales, el país en el que todo vale, Iceta vale también para la cultura o para el deporte. Me siento un ser estafado. Y no me cuesta escribir que sí, que todo esto es una estafa. Que se están riendo en nuestra cara y que a las «mayorías», a algunos, hasta parece no importarles.