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Violentar al diferente

Ricardo Fandiño Pascual PSICÓLOGO CLÍNICO Y VOCAL DE LA SECCIÓN DE PSICOLOXÍA XURÍDICA DEL COLEXIO OFICIAL DE PSICOLOXÍA DE GALICIA

OPINIÓN

David Oller

08 jul 2021 . Actualizado a las 00:32 h.

El grupo nos ofrece seguridad, pertenencia, una identidad. Cuanto más vulnerables nos sentimos ante el otro y ante el mundo, mayor es la necesidad del grupo, de su presencia, su nombre y su eco. Es por ello por lo que el grupo suele resultar particularmente significativo en etapas del desarrollo donde la identidad está en juego o en momentos vitales donde el entorno resulta especialmente hostil.

La violencia grupal tiene con mucha frecuencia una raíz identitaria. Se violenta a otro, al diferente, se manifiesta un poder sobre él, se le somete. «No somos como tú, débiles, frágiles, fracasados».  La persona emocionalmente vulnerable o inestable, puede encontrar a través del grupo un sentimiento de protección. Pero en ocasiones, y bajo ese amparo, puede ceder al impulso de evacuar su miseria interna. Necesita marcar con la palabra, el falo o el puño el cuerpo de un otro al que hacer depositario del propio terror interno. Lo perverso forma parte de lo humano.

Los actos violentos cometidos en grupo nos impactan por su tendencia a la desmesura y un tinte particularmente irracional. Resuenan las alarmas; ¡dónde va uno vamos todos!, ¡dónde uno es somos todos!. Desaparecen la templanza y la perspectiva, se difumina la responsabilidad, las distorsiones cognitivas se colectivizan y las personas se convierten en masa. Las emociones se polarizan, el miedo es pánico, el enfado es furia. La moral se diluye cuando la ira se canaliza a través del cuerpo grupal. Lo visceral toma el mando y el drama inunda la escena.