La gran batalla capitalismo-marxismo

Fernando Ónega
fernando ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Jesús Hellín - Europa Press

02 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Don Antonio Garamendi, presidente de CEOE, repudia el proyecto de reforma laboral que le presentó el Gobierno. Le parece marxista, lo cual es un calificativo coherente con su autora, Yolanda Díaz. Lo raro sería que a la ministra de Fene le saliese un proyecto conservador. Por los términos en que se plantea el debate, cargado de ideología, pero también de conveniencia empresarial y sindical, podemos asegurar que se avecina una de las grandes contiendas de la legislatura. Recordemos que la derogación de la legislación de Rajoy figura en el acuerdo de coalición de Sánchez e Iglesias. Añadamos a ese recuerdo que la nueva ministra Ione Belarra dijo que su tarea principal iba a ser exigir el cumplimiento de ese pacto. Y tengamos presente que la legislación laboral es la que define las relaciones dentro de la empresa. Y no es lo mismo la política de un Gobierno conservador que la de un gabinete a la izquierda del progresismo.

Se avecina tormenta, y la Unión Europea esperando con avidez qué pactan Gobierno y agentes sociales a lo largo de este 2021, que es el plazo que nos han dado. No es difícil predecir que, si hay aromas marxistas, el entusiasmo europeo va a ser muy limitado. No son buenos tiempos para gobernantes ni medidas muy de izquierdas en la Unión. Por lo que se puede intuir en este momento, tres van a ser las batallas entre el poder político y el empresarial: la temporalidad, el número de contratos y la prevalencia del convenio de empresa sobre el convenio de sector, que Comisiones Obreras y UGT, interlocutores habituales, quieren echar abajo.

Sobre la temporalidad no debiera haber mayores dificultades: la ministra de Trabajo ya sabe que una economía que depende del turismo, que es la industria más estacional, no puede tener el mismo número de trabajadores en temporada alta que en temporada baja. Esa es una realidad que se impone a los principios ideológicos. A su vez, la CEOE sabe también que no es posible el bienestar social con un porcentaje alto de ciudadanos que trabajan medio año. Y supongo que conoce mejor que nadie las trampas que muchos de sus afiliados hacen en la contratación como para no estar al lado del legislador, si trata de corregir hechos que se parecen a lo delictivo.