¿Y ahora qué?

Abel Veiga JURISTA Y POLITÓLOGO

OPINIÓN

David Zorrakino

28 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Le llamó el teatro de la palabra, el espacio donde lo más acendrado del separatismo catalán increpaba y tachaba, sin embargo, las palabras del presidente. Este no se inmutó, musitó palabras atropelladas de adherencia hacia la concordia y el espíritu constitucional, precisamente cuando muchos niegan absolutamente tanto ese mismo espíritu como la Constitución que les ha dado la mayor dosis de autonomía y libertad que las regiones han conocido en su historia.

La partitura que se ha empeñado en escribir busca afinaduras que no llegarán. Es un juego del todo o nada. Un enrevesado juego de suma cero que solo genera fricciones, desencuentros y demasiadas, tal vez, frivolidades que no ayudan a cohesionar un país que a algunos molesta. Pero en el teatro hay palabras que resuenan adustas, ácidas. No hay más ciego que el que ve y se empeña en no querer ver, ni el que oye y, sin embargo, no quiere escuchar. Volvemos al sempiterno zafarrancho de combate en esta España goyesca de amargos garrotazos al que somos, no obstante, entre aflictivos y resilentes.

Ha llegado el indulto, lo hace sin contentar a nadie, salvo quizá al todavía inquilino de la Moncloa.

Las elecciones venideras quizá no sean tan indulgentes con él mismo. Todo se andará. Nada de aventurar presagios. No vale la pena. No han tardado apenas horas los próceres y altavoces del terrorismo de antaño con sus todavía cientos de presos en cárceles por delitos de sangre en reclamar precisamente igual gracia. Otros hablan de amnistía.