El perdón a Dolores Vázquez

OPINIÓN

ANTONIO PASTOR

26 jun 2021 . Actualizado a las 09:40 h.

Es un disparo mediático y Dolores Vázquez cae muerta. Se le ve en su pelo encanecido de golpe, en el desplome de su cuerpo en la mesa cuando el jurado popular la declara culpable del asesinato de Rocío Wanninkhof. Es demoledor. Volver a ver ahora en Netflix el documental de cómo fue tratado el caso en la televisión hace 20 años es una tortura, una monstruosidad, un delirio. Pero ahí está una turba enfurecida gritando «asesina, asesina» a una mujer cuya única debilidad era su fortaleza de carácter, su silencio, su contención y, su condena, ser lesbiana en 1999. Con esos ingredientes el cóctel de mentiras le explotó a Loli Vázquez en la cara cuando la policía la declaró sospechosa de matar a la hija de su compañera de vida, a quien había cuidado y protegido como propia. Es espeluznante ver con la distancia del tiempo el enjaulamiento de Dolores, cómo se la va acorralando y cómo se va generando una imagen distorsionada de su personalidad a través de tertulianos de pacotilla que se dedican en los programas y en los periódicos a opinar sin argumentación alguna. La homosexualidad femenina era en 1999 motivo suficiente para perfilar la conducta violenta de una mujer y era indicio más que evidente para generar una hipótesis de venganza y celos. Dolores Vázquez vive aún esa pesadilla porque ningún Gobierno le ha pedido perdón públicamente. Todos se lo debemos. Era inocente.