La democracia se fatiga... en Francia

César Casal González
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OPINIÓN

ALBERT GEA | Reuters

22 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Un día raro. Entramos en el verano por el túnel del invierno, viendo llover, después de que hace solo unas jornadas rabiase el sol.

El covid ha dejado claro que no tenemos asegurado el plato sobre la mesa. Sánchez lo sabe y va a aprobar unos indultos que pueden conseguir la misión imposible de que el presidente salga reforzado, desde luego que así pasará entre el electorado progresista. Hay Sánchez para rato, está dicho. A un hombre al que le escriben el Manual del resistente y con unos presupuestos aprobados no lo mueve nadie.

Estamos ante un político que firma unos indultos con una mano y con la otra nos quita la mascarilla y nos baja el IVA de la luz sin perder la compostura. Todo envuelto en esa imagen de guapo que es marca de la casa.

En la Moncloa saben que las prisas solo perjudican al rival, a Casado. Las grandes palabras dan mucho juego. Como a Sánchez se le trabó la palabra libertad con Ayuso, a Casado se le empieza a trabar la palabra concordia. Es difícil argumentar contra la concordia, contra el intento de tender una mano, aunque sea a la desesperada, aunque sea a un enemigo que no te la quiere dar. Pero ese enemigo que no te la quiere dar, si no la coge, al día siguiente será un poco más débil.

Lo peor es que entre unos y otros van a terminar por fatigarnos. Que miren a Francia, donde la democracia se fatigó este domingo. Dos de cada tres franceses convocados a las urnas no fueron a votar. Una barbaridad.

No estamos todavía en la estupenda novela de José Saramago Ensayo sobre la lucidez, donde el Nobel había fabulado que los ciudadanos acabarían hartos e intentarían romper el sistema con el voto en blanco. Pero como nos sigan pastoreando por el camino del desencanto puede suceder de todo.

José Saramago parecía que tenía una bola de cristal y explicaba así su novela sobre el hartazgo del pueblo: «Que la clase política quede por los suelos no significa que cuestione la democracia. Lo que sí cuestiono es la caricatura de democracia que vivimos». Y añadía en el 2004: «Hoy la democracia está secuestrada por el poder económico multinacional».

En Francia no se votó, con abstención récord, en parte por ser unos comicios regionales y departamentales, en un país fuertemente centralizado donde solo las elecciones presidenciales y las municipales emocionan. La región y el departamento son demasiado neutros para mover las entrañas. Así fracasó la ultraderecha de Le Pen.