Ence: industria, empleo, sostenibilidad

Juan M. Vieites PRESIDENTE DE LA CONFEDERACIÓN DE EMPRESARIOS DE GALICIA (CEG)

OPINIÓN

CAPOTILLO

20 jun 2021 . Actualizado a las 09:41 h.

Es posible y necesario apostar por la industria.

Es posible porque la industria de hoy es sostenible y no tiene nada que ver con la imagen en blanco y negro que tiene una parte de la población. Y es necesario, porque para contar con una economía sólida y en línea con la hoja de ruta marcada desde Bruselas, la industria es indispensable. Más aún en una comunidad autónoma, la gallega, en la que no sobran, precisamente, las empresas y las industrias tractoras de la economía y el empleo.

La necesidad de avanzar hacia un modelo económico de futuro; de compatibilizar crecimiento, empleo y sostenibilidad; de priorizar los recursos naturales y la economía circular, deberían llevarnos a mirar hacia aquellas industrias alineadas con estos principios.

Este es el caso de la planta de Ence en Pontevedra: una instalación respetuosa y segura con el medio ambiente y las personas, que cumple sobradamente con toda la normativa medioambiental y que ha demostrado su compromiso con la sociedad con la que convive: la de Pontevedra y, a mayores, la de Galicia.

Más de 5.000 empleos se vinculan a la actividad de esta instalación, cuyo futuro depende de la decisión que, en los próximos días, tomará la Audiencia Nacional sobre los recursos presentados contra la prórroga de su concesión.

A lo largo de los últimos dos años se ha hablado mucho de esta planta y de su impacto en la prosperidad y el empleo. Un empleo de calidad, difícilmente recuperable si Ence Pontevedra dejara de operar.

La actividad de esta factoría promueve la utilización de un material reciclable, biodegradable y lleno de posibilidades: la celulosa; se autoabastece con energía renovable; impulsa la gestión forestal sostenible, clave para el cuidado del monte y la prevención de incendios; y combate el fenómeno de la denominada «España vaciada» a través de su positivo impacto en el rural.

Todos estos argumentos deben tenerse en cuenta. No pueden pasar desapercibidos ni verse eclipsados por otros intereses. No podemos permitirnos prescindir de una industria segura, eficiente, creadora de empleo y riqueza. Menos aún cuando los hechos y los datos aconsejan lo contrario: apostar por ella.