No es un indulto, es un insulto

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

Javier Lizon

28 may 2021 . Actualizado a las 07:43 h.

Tengo muy claro que la decisión que tome va a tener muy presente valores constitucionales como la concordia, el entendimiento, la superación de una crisis que desgarró al conjunto de la sociedad española en el 2017. El entendimiento, el encuentro, esos principios serán los que pesarán como presidente del Gobierno. Lo que no son principios constitucionales son la venganza o la revancha». La solemne declaración a través de la cual manifestó Sánchez su disposición a indultar a los condenados en el juicio del procès no tiene desperdicio, pues transparenta dos ideas que confirman la verdadera dimensión del personaje que hoy ocupa la presidencia del Gobierno.

Sánchez -sencillamente porque sirve a su único y definitivo interés: seguir en el poder- identifica el cumplimiento de las sentencias, consecuencia del imperio de la ley, con la venganza y la revancha, lo cual ha debido dejar atónitos, entre otros muchos millones de personas, a las docenas de miles de reclusos que jamás van a beneficiarse de un indulto. Todos ellos seguirán en prisión, según la delirante teoría presidencial, como consecuencia de la venganza y la revancha y no de la necesidad que existe en cualquier Estado de derecho de dar cumplimiento, con arreglo a la ley, a las sentencias de los tribunales de justicia.

Pero, además, Sánchez -sencillamente porque sirve a su único y definitivo interés: seguir en el poder- transmite al mismo tiempo una idea falsa (que el indulto de quienes afirman que volverían a cometer los delitos por los que han sido condenados sería un elemento de concordia en Cataluña, lo que no se corresponde en absoluto con la realidad de todos conocida), y otra idea pavorosa: que la concordia, el entendimiento y el encuentro son necesarios para superar la crisis catalana, pero no, como ha demostrado el líder del PSOE desde que llegó a la presidencia del Gobierno, para superar la Guerra Civil que enfrentó a millones de españoles y costó la vida a cientos de miles de nuestros compatriotas.

Constituye una indecencia que quien ha convertido la revancha respecto de hechos acaecidos hace casi un siglo -hechos en los que los dos bandos enfrentados en la guerra cometieron atrocidades, por más que uno de ellos fuera el responsable del golpe de Estado que la originó- recurra ahora a la concordia, el entendimiento y el encuentro para frenar un desafío que sigue vivo y fue generado exclusivamente por quienes dicen existir para darle solución: los nacionalistas.

Sabemos desde hace mucho que el presidente cambia de posición como lo hace de camisa. Es su forma de entender la política, que es la peor imaginable. Pero ni siquiera quienes tenemos ya asumido que el dirigente socialista no tiene convicciones, sino meros intereses, podemos aceptar que para decidir un indulto que es un insulto a España entera haya optado por argumentar de un modo tan ofensivo para la verdad de los hechos y tan obsceno frente a su trayectoria, que ha hecho de la revancha uno de sus recursos políticos más habituales.