Si no es un cambio de ciclo, lo parece

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

Isabel Infantes | Europa Press

18 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La psiquiatra suiza-estadounidense Elisabeth Kübler-Ross estableció en el año 1969 el discutido modelo de las cinco etapas del duelo. En esencia, define las fases por las que atraviesa quien es diagnosticado con una enfermedad terminal o sufre una pérdida inesperada. Negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Desde hace ya algún tiempo, el Gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos daba síntomas de ser un enfermo no terminal, pero sí grave. Así lo indicaban los sondeos más fiables y descalabros como los sufridos por ambas fuerzas en Galicia y el País Vasco. La debacle de Madrid supuso ya, sin embargo, la pérdida catastrófica de ese aura triunfal que llevó a Sánchez a hacer planes de Gobierno para décadas y a Iglesias a proclamarse vicepresidente vitalicio. «No volverán a formar parte del Consejo de Ministros de este país», le dijo un día a la oposición el hombre que hoy ya no está ni en el Gobierno ni en el Parlamento, sino preparando guiones para presentar un programa en la tele.

El Ejecutivo comenzó su duelo con la fase de negación. Esto no me puede estar pasando. No a mí. Era cuando Moncloa negaba que pudiera perder en Madrid, pese a que todos los sondeos lo daban por hecho, y Tezanos hacía encuestas fake para no aceptar la realidad. Constatada la catástrofe, el Gobierno pasó a la fase de la ira, que busca atribuir la culpa de la pérdida a algún factor. ¡No es justo! ¿Cómo me puede estar pasando esto a mí? Y lo hizo llamando borrachos, fascistas y gilipollas a los ciudadanos que no le habían votado. Superada esa etapa de cabreo y pataleta, el Ejecutivo parece haber entrado en la llamada fase de la negociación, en la que el afectado alberga la esperanza de posponer o retrasar lo inevitable. Haré cualquier cosa por un par de años más. Entiendo que voy a morir, pero si solamente pudiera tener más tiempo...

En ese período del duelo, en el que el paciente explora tratamientos aunque le digan que no existe cura, nos encontramos ahora. El Gobierno busca a la desesperada un cambio de rumbo. Un éxito, el que sea, que cambie esa espiral negativa. Lo intenta Sánchez instrumentalizando cada día de forma descarada los datos sobre las vacunas y arrogándose el mérito, aunque sea la Unión Europea quien las suministre y las comunidades las que las inoculen. Pero, después de que Junqueras se haya arrodillado ante la radicalidad de Puigdemont entregándole las consejerías clave de la Generalitat por el pánico a unas nuevas elecciones, será difícil que ERC dé estabilidad al Gobierno de coalición, por más que Sánchez le tiente con indultos o abriendo irresponsablemente la puerta a reformar la Constitución.

Dos sondeos daban ayer la victoria al PP en unas generales y una holgada mayoría absoluta junto a Vox, con el PSOE y Unidas Podemos cayendo a plomo. Si eso no es un cambio de ciclo, lo parece. El PP haría bien en evitar cualquier triunfalismo. Pero, más allá de la propaganda, la cosa no pinta bien para un Gobierno que, de seguir así, culminará las dos últimas fases del duelo de Kübler-Ross: depresión y aceptación.