Debate: ¿qué estrategia se debería seguir con las personas que no se quieren vacunar?

Con información y datos: es la receta para convencer a los escépticos con las inyecciones contra el covid

Muchas personas se están negando a vacunarse contra el coronavirus por sus dudas sobre los resultados y la eficacia de las inyecciones. Pero África González Fernández, catedrática de Inmunología en el Centro de Investigacións Biomédicas (CINBIO) de la Universidad de Vigo; y Federico Martinón-Torres, jefe de pediatría del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago y asesor de vacunas de la OMS, consideran que debe hacerse un esfuerzo para convencer a los negacionistas. Porque se trata de un deber colectivo, no individual, y porque las vacunas están salvando vidas. Para ello apuestan por ofrecer más información y datos.


100 % efectiva, ¿alguien da más?

En este punto de la pandemia, las reacciones ante las personas que no quieren vacunarse y las posibles soluciones son dispares según a quien le preguntes. Desde la obligatoriedad, el castigo o el desprecio, hasta la conciliación máxima a través de la información y la educación. La mayoría de la gente que en un momento determinado decide no vacunarse, simplemente tiene miedo o dudas que no ha sabido o podido contrarrestar con la información adecuada. 

Es indudable que las idas y venidas en los consejos de las autoridades nacionales, la mezcla de recomendaciones científicas con otras prioridades y la propia agenda política, no ayudan a que la ciudadanía confíe. El problema no es tener miedo o dudar, sino tomar la decisión correcta a pesar de ello, en este caso, vacunarse.

La tan manida relación riesgo-beneficio de la vacunación no se está explicando bien. Si eres más mayor, estás más expuesto o tienes más factores de riesgo, los beneficios que obtienes de la vacunación son mayores que si eres sano y joven. Pero no hay riesgo cero y no sabemos predecir entre aquellos en los que son menos proclives, en teoría, a padecer formas graves, cuáles sí y cuáles no van a enfermar o morir como consecuencia del covid-19. Y, claro, olvidamos lo verdaderamente importante, y es que estamos en una pandemia, y que la prioridad en esa relación riesgo-beneficio es la salud global, y que no es solo lo que individualmente nos aporta la vacunación sino el beneficio que cada uno de nosotros aportamos a la salud de todos. Si no te vacunas y tienes la suerte de infectarte, pero no enfermar gravemente, puede que para ti sea suficiente, pero no solo puedes haber contagiado a otros que no tendrán tanta fortuna, sino que el virus, al infectarte, continúa mutando, evolucionado y acabará haciéndose más resistente y más letal, incluso para los que ahora, como tú, se defienden solos bien.

Si hemos conseguido que la gente circule por la playa o haga deporte al aire libre con mascarilla, sin evidencias científicas que demuestren claramente el beneficio objetivo de dichas medidas, parece bastante más sencillo conseguir que la gente se vacune con los datos abrumadores que tenemos demostrando su beneficio. El análisis de las primeras personas vacunadas contra el covid en Galicia muestra que la vacuna disminuye la probabilidad de que ingreses en una unidad de intensivos en un 100 %, y reduce la mortalidad en un 100 %. Si así no lo entiendes, pues significa que en el período analizado ingresaron en una unidad de cuidados intensivos por culpa del virus más de 600 personas y fallecieron más de 70, pero nadie de los 100.000 gallegos que ya habían completado su pauta vacunal ingresó en la uci o falleció como consecuencia del coronavirus. ¿Son de verdad necesarios más argumentos para vacunarse?

Autor Federico Martinón-Torres Jefe de pediatría del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago y asesor de vacunas de la OMS

Vacunación, una responsabilidad colectiva

Ante esta pandemia global, junto a las medidas conocidas de higiene, mascarilla y distancia social, tenemos la mejor arma posible, y más económica: la vacunación frente al virus. En tan solo un año tenemos varias vacunas con una eficacia extraordinaria. Y, sin embargo, hay personas que no quieren inyectarse en todo el rango de edades. ¿Qué se puede hacer para convencerlas? 

La vacunación es una responsabilidad colectiva, no individual, donde debemos anteponer el beneficio general al particular. Pero seguramente este argumento no es suficiente. Hay varias tipologías de individuos que no quieren vacunarse, y por distintas causas.

Algunos no son antivacunas, pero tienen dudas. No lo han hecho desde la infancia, no se han contagiado y consideran que la inyección tiene riesgos.

Es la primera vez que hay una campaña de vacunación masiva a nivel global, y la rapidez en el desarrollo de las vacunas, la información al minuto y los datos de posibles efectos secundarios hacen que decidan no vacunarse. Lo que les diría es que el covid es mucho más grave, deja muchas más secuelas o puede matarles; y que las vacunas son muy seguras, les van a proteger de la enfermedad a ellos y también a su entorno cotidiano y familiar. Que confíen, que vean cómo países con casi todos vacunados pueden volver a abrazar a sus mayores, hijos, nietos; porque las vacunas protegen de la muerte y disminuyen el contagio y la transmisión de la enfermedad; lo hemos visto en las residencias y en los sanitarios. Que confíen en sus médicos y, si tienen dudas, les consulten, y que estos les atiendan presencialmente.

El grupo de negacionistas es el más radical y ningún argumento les es válido. Otros son antivacunas convencidos, minoritarios en España en relación a las vacunas infantiles, que anteponen su negativa a la salud de sus hijos. En estos casos, la experiencia está en intentar convencer, no imponer; exponer y no sancionar; informar y no obligar; concienciar y no juzgar. Cuando a las familias se les muestra la realidad, de forma relajada y con datos, suelen cambiar de opinión y vacunan a sus hijos.

Tal vez lo que tenemos que hacer es una campaña en positivo. En vez de mostrar datos del número de muertos diarios causados por el virus, cambiemos por el número de vidas que las vacunas salvan diariamente. Ojalá hubiéramos tenido vacunas en la gripe de 1918; se hubieran salvado 50 millones de personas. Ojalá tuviéramos vacunas eficaces para la tuberculosis, salvaríamos a más de 1,5 millones de personas cada año en el mundo, o para el SIDA (han muerto más de 39 millones).

Necesitamos que las personas se protejan, y ayuden a disminuir la transmisión del virus; que no se generen nuevas variantes, no más muertes, ni más enfermedad.

Desgraciadamente, es posible que haya muertes, sobre todo en la franja de menores de 60 años, aún sin vacunar, y sobre todo si se hacen fiestas multitudinarias y sin medidas de protección. Las personas inmunizadas ponen freno al virus. Sin la dosis, estamos en riesgo, nosotros y los demás, por eso la vacunación debe ser mundial. Necesitamos de todos para parar esta pandemia, y con las vacunas lo conseguiremos.

Autor África González Fernández Catedrática de Inmunología en el Centro de Investigacións Biomédicas (CINBIO) de la Universidad de Vigo. Hasta el 2020 presidenta de la Sociedad Española de Inmunología
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