Mundo lercho

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

ISABEL INFANTES

12 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Conviene atender a quienes tratan de entender cuál es la esencia política del momento, escuchar a quienes desarrollan teorías sobre el refundado concepto de libertad o el valor electoral de una caña tirada sin mascarilla, considerar la cirugía fina en torno a un tiempo desconcertante. Todos ellos sabrán hacia dónde nos conduce esta deriva, pero en la escala más mundana del análisis lo que parece es que la escena se ha llenado de lerchos, bocaláns, goleóns, larapeteiros, laretos, lercháns, lingoreteiros y linguateiros, según expresivos sinónimos aportados por la RAG.

Porque, definitivamente, está de moda ser lercho. Hablo de ese lercheo transversal y multiplataforma, cantarín y vociferante, ese lercheo capaz de dejarte boquiabierta como solo las personas sin filtros pueden hacerlo, regocijado y cantarín, retador e impudoroso. Hablamos ahora del lerchismo de Ayuso, pero ella forma parte de una estirpe que conocemos bien, un abolengo con matices pero un solo dios verdadero. Es la de Paco Vázquez cantando el La, la, la en María Pita; la del Abel Caballero de «la música y la luz van a vivir en Vigo en el árbol»; la de los discursos de Donald Trump y Boris Johnson; la de Monedero buscando a Einstein en trabajadores por 900 euros al mes, incluso la del presidente de las anchoas cántabras con esa machacona cháchara que tanto le gusta a los audímetros.

El lerchismo está creando escuela y el sábado vimos a sus alumnos más aventajados tomando las uvas en la puerta del Sol, a la madrileña, practicando la libertad como se les ha enseñado, convencidos de que están en la ola buena, la del porque yo lo valgo. Felicidad y descaro al poder, que de cenizos está el mundo lleno. Hasta que compareció una espontánea gallega y sentenció: «Esto no es libertad; esto es una puta anarquía».