El cómo y el cuándo suprimir la declaración conjunta

Jesús Rodríguez Márquez FIRMA INVITADA

OPINIÓN

Oscar Vazquez

11 may 2021 . Actualizado a las 08:39 h.

En los últimos días ha saltado a las noticias un supuesto compromiso del Gobierno con la Unión Europea para suprimir la reducción por tributación conjunta del IRPF. Ello ha generado un revuelo considerable, dada la magnitud del beneficio fiscal, que afecta a dos millones de hogares y supone una pérdida de recaudación de 2.000 millones, aproximadamente. Por tanto, su eliminación implica un aumento del impuesto para un conjunto amplio de contribuyentes. 

Ante esta situación debemos preguntarnos no solo si la medida está justificada, sino también si, en caso de estarlo, cuál es la forma y el momento más adecuados para llevarla a cabo. De entrada, debe aclararse que el régimen cuya supresión se plantea solo afecta a los matrimonios, no a las familias monoparentales. También es necesario advertir que enjuiciar una medida aislada, al margen de la reforma global en que se inserte, no deja de ser aventurado, ya que en muchas ocasiones se introducen reformas compensatorias que eliminan o reducen los efectos negativos de otras.

Dicho esto, debemos comenzar por preguntarnos qué se persigue con este objetivo fiscal. Se pretende mitigar la progresividad del impuesto para aquellos hogares en los que existe un único perceptor de renta, o las recibidas por el segundo son testimoniales. Tiene su lógica, pero supone proteger, en la práctica, un modelo de familia en el que la mujer no se ha incorporado al mundo laboral. Ahora bien, ¿tiene alguna incidencia en la práctica sobre la oferta laboral de las mujeres? La evaluación de este beneficio fiscal realizada por la AIReF nos indica que, como mínimo, distorsiona las rentas declaradas por las mujeres. Así, si se compara a las que la reducción les beneficia un poco con aquellas a las que les perjudica solo un poco, lo lógico sería esperar que hubiera cierta continuidad en sus rentas declaradas. Nada más lejos de la realidad, ya que en el punto de equilibrio -sin beneficio ni pérdida- se produce un «salto» en las rentas declaradas, siendo inferiores en casi 3.000 euros las de las mujeres que se benefician ligeramente del régimen.