Lenguaje inclusivo o hacerse el sueco

Luis Grandal
Luis Grandal PUNTO DE VISTA

OPINIÓN

María Pedreda

10 may 2021 . Actualizado a las 15:44 h.

He de admitir que cada vez que los políticos hablan en lenguaje inclusivo acabo por no entenderlos. Tengo que hacer tanto esfuerzo mental que pierdo el hilo del mensaje que quieren transmitir. Me pregunto qué hubiera opinado Champollion de esta moda. ¿Diría que volvemos otra vez al Egipto faraónico y por lo tanto al lenguaje jeroglífico o, por el contrario, que cada cual se exprese como quiera? Lo cierto es que el lenguaje inclusivo ha motivado una controversia -quizá artificial- que implica a muchos millones de personas y no solo a los españoles, por si alguien cree que en esto también somos los primeros. 

Tenemos que aceptar que, al menos en Europa y América, afecta sobre todo a los idiomas latinos. Porque en Suecia, sin pronombre neutro, su Academia adoptó desde 2015 la palabra “hen” que, traducida al español, sustituye al masculino y femenino por la “e”. O sea, diríamos “niñes” como le gusta a Irene Montero

San Cirilo y San Metodio se adelantaron a los tiempos y por eso ahora los rusos no tienen problema con su idioma ya que utilizan el neutro. Y lo mismo sucede con los pragmáticos angloparlantes que llevan usando el neutro desde hace muchas centurias. Y los germanos también. Lo que sucede con el alemán es que es un idioma tan intenso, que hay que tener una memoria de elefante para hablarlo y escribirlo como aseguraba Mark Twain. Hace unos años un periódico norteamericano de relumbre consideró a Merkel la mejor política del mundo y días después Obama la valoró como el mejor socio. Como «política» se excluía a todos los políticos hombres del ránking mundial, como «socio» no. Y este matiz fue destacado en la prensa alemana.