Necesitamos potencial científico


 Xa era hora

A última palabra sobre o que resulta máis convinte para combater o coronavirus recae na ciencia, posto que dela dependen os remedios que as máis diversas enfermidades reclaman, malia as proclamas dos negacionistas que mesmo condicionan a existencia do propio virus. Non sei en virtude de que criterio científico pode negarse a eficacia das vacinas, nin que mérito teñen contraído personaxes como Miguel Bosé ou Victoria Abril para ofrecer as súas teorías como un produto acabado aos seus seguidores, ao non ser que estes atribúan esa decisión a unha intelixencia infinita movida pola súa propia vaidade particular. Presentar opinións contrapostas sen aportar datos que permitan saber quen está no certo e quen minte é unha das fórmulas máis evidentes de manipular. Para os que pensamos que a ciencia sempre aposta pola vida, mais tamén que a saúde é un dereito básico do conxunto da poboación que non debe estar sometida á lei do beneficio privado, lamentamos a total dependencia que existe das compañías privadas, principalmente das multinacionais, á hora de comercializar as vacinas. Por ilo, resulta fundamental a suspensión das patentes das vacinas contra o coronavirus durante a pandemia debido ás especiais circunstancias que nos toca vivir para evitar que as grandes farmacéuticas especulen coa nosa vida, na liña que acaba de aprobar a administración Biden. Ogallá tivéramos un potencial científico que nos liberara desa dependencia e tamén capacidade e medios para producir vacinas e acabáramos dunha vez co pesadelo do maldito inimigo. Pero, mentres tanto, Estados Unidos marca unha senda que deberan seguir o resto de países porque a supremacía do diñeiro sobre a saúde non pode permitirse nunha situación como a actual. Ricardo Vales. A Coruña.

  Cierra la puerta, Pablo

Hoy te voy a escribir a ti... únicamente a ti Pablo. Tuve la suerte de vivir una juventud en la que daba igual si votabas a unos o a otros. Nadie te preguntaba, y si lo sabían, nadie te odiaba por ello. También viví una época en la que para todos, portar la bandera de España era símbolo de celebración o de orgullo, como ese mundial que ganó la selección española de Fútbol hace diez años y lo viví en tierras vascas y con mi bandera en la calle y jamás nadie me agredió por ello; y después la Eurocopa. Podías votar al PP, a Izquierda Unida o al PSOE y todos te respetaban. Y los asesinos eran eso, asesinos... Hace 23 años que asesinaron a Miguel Ángel Blanco. De rodillas. De un tiro, mientras, toda España salió a manifestarse en ciudades, pueblos, avenidas... suplicando que no lo mataran. ¿Y sabes Pablo? Ahí había votantes de todos los partidos, porque antes de que tu aparecieras teníamos mucha más humanidad que ahora. Y daba igual a quien votaba el vecino. Los principios y las vidas estaban por delante. Luego apareciste tú, Podemos, Monedero, Montero, Echenique... y, de repente, se normalizaron palabras que yo solo había oído en el colegio y como parte de mi educación, o dichas por algún tonto desubicado, no como adjetivo calificativo hacia ninguno de mis vecinos. Facha, comunista, rojo... Los que no han conocido la realidad que yo viví con 20 años, donde todos votábamos y convivíamos con total armonía, hoy destrozan ciudades cuando no les gusta un resultado electoral y destrozan mobiliario urbano... Antes no pasaba.

Eso, querido Pablo, se lo has inculcado tú. Porque tú y los tuyos, solo habéis venido para resucitar problemas y odios. Vivís a cuerpo de rey mientras podéis machacar al de abajo. Porque antes de que tu aparecieras había respeto por los demás. Porque antes de que tu aparecieras, la política era política, como la que hacía la derecha y como la que hacía el gran Julio Anguita... política respetando al rival. Por favor Pablo, cierra la puerta al salir.

Adrián Nogueiro Rubinos.

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