Cruzada contra el automóvil


Después de dejar la primera industrial nacional -el turismo- en la uci, con medidas tan razonables como la obligatoriedad de llevar mascarilla mientras tomamos el sol en la playa -lástima que dieran marcha atrás una semana después, la de risas que íbamos a echarnos cuando, ya en casa, nos quitásemos el tapabocas-; ahora han puesto en el punto de mira al sector de la automoción. En 1986 vendimos Seat a Volkswagen por 80.000 millones de pesetas (unos 480 millones de euros), pero a pesar de ello seguimos siendo el octavo fabricante mundial de automóviles (2,68 millones de unidades en el último ejercicio), con lo que eso significa de aportación al PIB (alrededor del 8,5 %), empleos y empresas auxiliares que nutren a las catorce factorías de automóviles que funcionan actualmente en España.

Es decir, vivimos (entre otras cosas) de producir y vender coches, pero al mismo tiempo hay una cruzada contra este medio de transporte que ha contribuido decisivamente a la transformación del mundo durante el siglo XX e intervenido en muchos de los adelantos tecnológicos: de los carros tirados por caballos hemos pasado a la conducción autónoma, que ya se puede experimentar -durante algunos segundos solamente, por seguridad- en los vehículos que cuentan con control de crucero adaptativo y sistema de mantenimiento de carril.

En esta cruzada contra el automóvil se inscriben los peajes que se quieren implantar en las autovías -como si no se hubieran construido con el dinero de todos-; la reducción de la velocidad en la mayoría de las vías urbanas a 30 kilómetros por hora; el acceso vetado a las ciudades a los coches con motor de combustión; o ese nuevo invento de tarificar las plazas de aparcamiento en función del volumen del vehículo, no solo la longitud sino también la altura, como si un coche más alto quitara vistas o aire para respirar. Súmenle impuestos varios (matriculación, circulación, ITV) y el sobreprecio de los autos eléctricos que nos quieren imponer, y la conclusión es clara: mejor cerramos todas las factorías y nos movemos en bicicletas. Que se fabrican en China, por cierto.

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