El vuelo de una mariposa en Murcia

OPINIÓN

Jesús Hellín | Europa Press

05 may 2021 . Actualizado a las 08:07 h.

Contra todos los pronósticos anteriores al suceso de Murcia, y dejando en ridículo al inmenso jaleo mediático que, sin ahorrar machismo ni falsedades, quiso convertirla en una mujer frívola y en un florero decorativo, Isabel Díaz Ayuso se ha convertido en una figura de primera división, la mujer más importante de la política española, y la que convirtió a Sánchez en un político vulnerable; a Gabilondo e Iglesias en una yunta de fracasados, y a Mónica García en un proyecto de largo plazo, que posiblemente no llegue a su anhelado destino.

El día que Sánchez espantó una mariposa en Murcia, no podía imaginar que su suave aleteo iba a provocar un tsunami sobre Madrid que ayer noche le privó de su tesoro más preciado: su convicción de ser imprescindible para la gobernación de España, y de poseer en Moncloa un sillón inexpugnable. A Sánchez no le importa para qué, ni con quién, debe gobernar. Su objetivo se limita a ser imprescindible. Y por eso trató de destruir las esperanzas del PP, antes de que Casado se afianzase, mediante un ataque preventivo que lanzó -desde Moncloa- sobre las comunidades de Murcia y Castilla y León. Por eso Sánchez es el gran doble derrotado (por el PP y por el 15-M) en la batalla de Madrid, cuyos efectos políticos y mediáticos ya no podrá revertir.

La victoria de la señora Ayuso es inapelable. Con una histórica participación del 80,7 %, tras haber obtenido más votos que toda la izquierda junta, haber descarrilado el proyecto ya exangüe de Ciudadanos, y después de convertir en un chascarrillo sin gracia el meigallo mediático que pesaba sobre el PP, nadie puede tener duda de que los madrileños hicieron, exactamente, lo que querían hacer, que nadie manipuló sus voluntades, y que -en contra de lo que dijo el famoso científico Tezanos- el resultado del PP no se nucleó en torno al mundo de las tabernas, los bares, los restaurantes y otros establecimientos similares».

La clave de este colosal resultado estuvo en la estupefacción que sintieron los madrileños cuando, en medio de una pandemia y una crisis económica de imprevisibles consecuencias, toda la izquierda embistió -lanza en ristre- contra los molinos de viento del fascismo, contra la hipotética gestión antisocial del PP, y en defensa de una democracia que nadie había cuestionado, mientras Ayuso se mantenía -sola, e increíblemente serena- conectada a la realidad, hablando de gobernar, sin dar pie al barullo del debate mediático en el que pretendían encerrarla, y dando la sensación de jugar en una galaxia distinta a la que habitaban los demás.

El resultado: PP, 65 escaños (44,7 %); Más Madrid, 24 (16,9 %); PSOE, 24 (16,8 %); Vox, 13 (9,1 %); UP, 10 (7,2 %), y Ciudadanos en coma. Mi idea es que a Sánchez se le acabó el comodín que le daban el desorden y la fragmentación parlamentaria; que su próxima obsesión va a ser laminar a Más Madrid, y no a Ayuso; y que, si el PSOE sigue desgobernando, ya sabe lo que le espera. Y en esto consiste, en román paladino, extrapolar -filosóficamente- los resultados.