Delirios de grandeza de Florentino


El tufillo elitista que desprende el nuevo proyecto de Superliga europea y la impopularidad que se intuye va a provocar en la ciudadanía ha llevado a una reacción en cadena de políticos de diferentes países, empezando por la propia Comisión Europea, que rechazan abiertamente el invento de Florentino Pérez. Son precisamente estas reticencias políticas las que pueden hacer fracasar un proyecto que ha llegado muy lejos, hasta el punto de contar con el acuerdo firmado de doce de los grandes clubes continentales y la financiación reconocida por JP Morgan

En principio no debería haber problemas legales para que los doce clubes formen su propia organización y creen un campeonato con sus propias normas, financiación y reparto de dinero. De hecho, la creación de la Superliga no deja de ser lo mismo que la creación en su momento de la Premier League o de nuestra propia Liga. Fue en 1992 cuando se fundó la Premier, en medio de una crisis monumental del fútbol británico y con la gran oposición de la federación de las islas. Hoy en día nadie lo recuerda y la Premier es el campeonato de mayor prestigio mundial. En España, con la ley del deporte del 90 se dio el espaldarazo a la Liga y con la llegada de Tebas llegó el enfrentamiento competencial con la Federación. Pero nadie discute ya la existencia de la Liga, que con acuerdos con la Federación hace funcionar el fútbol profesional en España. Por eso, cuando oímos a Tebas poner el grito en el cielo, le comprendemos, porque su organización resulta muy perjudicada, pero al mismo tiempo se contradice, porque la nueva Superliga obedece a la lógica existencial de la propia Liga.

En cuanto a experiencias europeas, tenemos la Euroliga de baloncesto, que desde su fundación pasó por encima de la FIBA, la federación internacional del deporte de la canasta. En este caso, durante un año llegaron a disputarse dos máximas competiciones europeas paralelamente. Finalmente, la Euroliga se quedó sola y la FIBA se plegó por completo.

Pero el fútbol es otra cosa. Y aunque desde la lógica de alguien como Florentino lo único relevante son las élites, reduciendo a los demás a un mero folklore del balón, a una especie de paisaje de figurantes que se irán consumiendo en su propia pobreza, no va a resultar sencillo consumar al cien por cien su proyecto. Si de verdad existe voluntad política de no permitir semejante aventura, la Superliga no saldrá adelante. Y a tenor de los hechos sucedidos ayer, así va a ser. La presión política y de los aficionados ingleses ha sido insoportable para Manchester City, Manchester United, Arsenal, Liverpool, Tottenham y Chelsea, que a última hora de la noche anunciaron su salida de la Superliga.

Menudo papelón el de Florentino Pérez, quien acaba de despertarse de golpe de sus delirios de grandeza, de su ataque de ego propio de ese ser superior del que habla su súbdito Emilio Butragueño.

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