Felipe de Edimburgo, «The Crown» y el águila de dos cabezas

El consorte de la reina Isabel II cobró nuevo interés para millones de personas desde el estreno de la serie de Netflix


Para casi todos aquellos que no son británicos, Felipe de Edimburgo ha sido durante años ese señor estirado que caminaba detrás de Isabel II. Una especie de tío abuelo que saludaba desde el balcón de palacio. Para bien y para mal, Netflix le abrió al duque la puerta de la casa de millones de personas con la serie The Crown. De repente, el consorte de la reina tenía vida propia en la ficción, que iba deshojando el pasado en cada capítulo, matando las polillas con el calor de los focos e iluminando rincones casi olvidados. La explosión de su nueva popularidad casi coincide con su retirada de la vida pública. La ficción se estrenó en otoño del 2016 y el anuncio de su jubilación llegó en la primavera del 2017. Felipe pasaba de un segundo a un tercer plano, pero la pantalla lo devolvía al primero. Hay historiadores que niegan que le costara hacerle una reverencia a su esposa en la coronación y que ella tuviera que decirle: «Un hombre fuerte debería poder arrodillarse». Seguramente nunca se sabrá hasta qué punto el marido de Isabel se sintió frustrado al comprobar que no era el rey (ni oficial ni oficiosamente). Ni cómo fueron los escarceos que se deslizan en la ficción. Ni si es cierto que se quedó hipnotizado por el viaje del Apolo 11 a la Luna mientras sentía que su labor terrenal era insignificante. Es poco probable que llegara a decirle a una Diana de Gales que se veía a sí misma sola, como «en una cueva fría», que en la familia real, en realidad, todos y cada uno de los miembros eran «perdidos, solitarios e irrelevantes outsiders aparte de la persona, la única persona que importa». Y es casi imposible que compartiera con su mujer la teoría de los Windsor que explica en el capítulo Margaritología, en el que Margarita eclipsa a Isabel: «Imagina una criatura mitológica, un águila de dos cabezas. Imagina que nos representa, a esta familia. Siempre ha habido los Windsor deslumbrantes y los aburridos. Y así desde Jorge V hasta la reina Victoria. Una línea ininterrumpida de flemática y pomposa monotonía. Junto a esa vena aburrida, diligente, fiable y heroica, discurre otra. La deslumbrante, la brillante, la individualista. Y la temeraria. Y por cada Victoria hay un Eduardo VII. Por cada Jorge V hay un príncipe Eddy. Por cada Jorge VI hay un Eduardo VIII. Por cada Lilibet hay una Margarita. Tú eres la reina y ella es tu temeraria hermana pequeña». El duque de Edimburgo apuntaló esa parte rocosa, árida y, en apariencia, menos fascinante, en la que, al fin y al cabo, se asienta la continuidad de la corona. Y The Crown le sacó punta, pero también le dio brillo a esa sobria cabeza del águila bicéfala de los Windsor.

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