España, Europa y la confianza


Si hace un año me dicen que a estas alturas estaríamos como estamos, no me lo creería. Entonces pensaba que la Unión Europea era rigurosa, seria y sólida. Hoy creo que somos el hazmerreír del mundo entero. La señora Ursula von der Leyen debería haber dimitido. Todo se hace rematadamente mal. No supieron negociar la compra de vacunas, ni distribuirlas, ni mostrar un criterio coherente para los socios europeos. Han consentido repetidamente los incumplimientos de las farmacéuticas, especialmente AstraZeneca, y han creado tal clima de desconfianza en las instituciones y en la ciencia que uno quiere salir corriendo. 

Habrá que decirlo de una vez por todas. El proceso de vacunación es un disparate supino. O supremo. Elijan el adjetivo que corresponda. La semana pasada, por ejemplo, Galicia disponía de menos de 170.000 dosis, o sea, las que la Xunta afirma que podría suministrar en un solo día. Pero no solo eso. La ciudadanía se enteraba, en dosis también, de asuntos francamente propios de una comedia del absurdo.

Propongo ejemplos. La vacuna de AstraZeneca había sido suspendida en menores de 55 años en Canadá. Alemania decidía no administrar de modo general esa vacuna a menores de 60 años tras 31 casos de trombosis y nueve fallecimientos. España, sin embargo, inocula AstraZeneca hasta los 75. Todo muy tranquilizador para la ciudadanía. Todo muy coherente. Y Sánchez, un año después del comienzo de esta pesadilla, sacaba su ley de las mascarillas. Ley que rectificó el primer día de su aplicación. Si todo esto no fuese cierto, resultaría increíble. Y nos piden confianza. Confiar, ¿en quién? ¿En la OMS que ha dicho una cosa y la contraria mil veces (ahora buscan el origen, otra vez, de la pandemia)? ¿En la vacuna Séneca que aquí se administra hasta los 75 y en Alemania solo la dispensan a los mayores de 60? ¿En los científicos que dicen que hay relación entre este medicamento y las trombosis o entre los que dicen lo contrario? Qué disparate. Qué vergüenza.

Falta autoridad europea, e incluso falta autoridad mundial (¿para qué ha servido la OMS?). Aquí cada uno va a su bola. Eso sí, con cuatro mujeres vicepresidentas, de lo que presume Sánchez: algo más importante que esta España desbocada de paro (el juvenil ya es récord mundial), deuda y arruinada. Pero la demagogia es la reina republicana de nuestros días. Nunca hemos sufrido una generación política peor que esta.

Termino. La Unión Europea, siendo un área comercial de primer orden, muestra ahora mismo una imagen de impotencia francamente preocupante. Y digo preocupante por no decir caótica.

Eso sí, no dejan de pedirnos confianza. Pero cómo vamos a confiar en aquellos que han perpetrado todo lo que les he contado arriba. La ciudadanía, obediente y sumisa (y eso empieza a ser también un problema), no merece este trato vejatorio e inmoral.

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