¿Qué pasaría si Astrazeneca fuera española y Evergreen italiana?

Tomás García Morán
Tomás García Morán LEJANO OESTE

OPINIÓN

María Pedreda

Si el 11-S inauguró la primera década del siglo XXI, el portacontenedores del Canal de Suez ha sido la guinda en el pastel de este inicio de años veinte, en el que el planeta ha dicho basta

14 oct 2021 . Actualizado a las 13:44 h.

Por si no nos gustaba el caldo de coronavirus, el mastodonte del canal de Suez nos trae la segunda taza de hiperrealismo. Somos frágiles, hojas caducas, pero no lo asumimos. Somos adultos, pero queremos seguir amaneciendo tomando gintonics en la Puerta del Sol. O en un parque de Oleiros. O en el Tiergarten de Berlín. Los psicólogos lo llaman síndrome de Peter Pan. Que ya no es síndrome sino pandemia.

Hace años, trabajando en un concurso privado que se decidía por concurrencia competitiva, mi compañero de proyecto me habló de otro síndrome, el del coche alemán y el coche italiano. Yo le planteaba no cumplir fechas y pedir el día de gracia que autorizaba el pliego. Pero él fue tajante: «Eso que lo haga The Guardian. Que es de quien no se lo esperan. Pero no nosotros, que somos españoles. Si te compras un coche italiano, y a los dos años te falla, todo el mundo te va a decir que se veía venir. En cambio, si te compras un coche alemán y se estropea, dirán que eres un burro conduciendo. Y que menos mal que te compraste una berlina alemana y no un deportivo italiano».

AstraZeneca es una compañía global con sede en Cambridge. Astra AB fue fundada en 1913 por farmacéuticos suecos. En 1994 se fusionó con el gigante estadounidense Merck & Co. Un año antes, la Imperial Chemical Industries, con base en el Reino Unido, segregó su negocio farmacéutico y formó Zeneca Group. En 1999, Astra y Zeneca se fusionaron para formar un consorcio mundial que desde hace meses está en boca de todos. La seguridad de la vacuna de AZ, hecha a medias con investigadores de Oxford, está en entredicho. Contra toda lógica científica, puesto que, como publicamos casi a diario en La Voz, el porcentaje de vacunados que ha tenido graves patologías tras recibir una dosis es tan bajo como el de personas que sufren las mismas dolencias sin haber recibido la inyección.