Señales de alarmas para los partidos políticos

E. Parra. POOL

Vistos algunos análisis políticos de las últimas semanas, incluso meses, se puede llegar a una conclusión: se está creando un clima de opinión muy crítico con los partidos políticos. Entiendo que es la versión mediática de lo que vienen anunciando las encuestas del CIS que sitúan a la clase política como el tercero de los grandes problemas de este país. Que la crisis de prestigio nacida de sondeos sociológicos vaya subiendo hasta convertirse en diagnóstico generalizado es una mala noticia para la democracia porque los partidos son el cauce de participación y representación de la sociedad.

¿Qué está ocurriendo para este deterioro de prestigio? Lo que podemos leer todos los días en la prensa y vemos en el comportamiento en las instituciones: gran parte de su trabajo se centra en deteriorar al adversario, fortalecer el poder interno, tapar los oídos ante las necesidades del ciudadano y transmitir la impresión de que viven aislados de su entorno. Como mecanismos de representación han perdido parte de su encanto y como órganos de presión ante los poderes públicos aparecen como débiles, maleables y sin capacidad ni de investigar ni de proponer. Seguramente se trata de juicios parciales y, por tanto, injustos; pero son los que están calando en la opinión pública. El calificativo «partidista» es sinónimo de toda perversión.

Hechos recientes: 1.- A la moción de censura de Murcia y su estrambótico desenlace solo le faltaba lo que anunció Pablo Iglesias: una denuncia ante la Fiscalía contra el secretario general del PP por posible delito de cohecho, por haber comprado a tres diputados.

2.- La precampaña electoral de la Comunidad de Madrid se ha convertido en un mercado donde no aparece una idea de interés, pero sí un tráfico de nombres donde parece que dos secretarias de Estado valen para su alta función, pero también para ser diputadas en una Asamblea regional; donde el miembro de un partido se pasa a otro en una ceremonia más de transfuguismo, y donde todo parece una subasta a ver quién consigue nombres más rimbombantes. Parece el mercado de primavera del mundo futbolístico. La estrategia consiste en hacer ruido y salir todos los días en los periódicos o que se están pagando servicios o recompensando lealtades. A eso se está reduciendo la política.

Y 3.- Si a eso se reduce la política, sus dirigentes debieran hacer un alto y pensar qué están haciendo. Únicamente les ofrezco un dato de la Fundación de Ayuda contra la Droga (FAD), que demuestra cómo los partidos han caído entre la población más joven, los situados entre los 14 y los 25 años de edad: el 72,9 % tiene una baja confianza en los partidos; un 19,2, confianza media, y solo un 8,9 % confiesa alta confianza. Con esos niveles de aceptación entre la juventud, el porvenir de los partidos es claramente mejorable, si es que tienen algún porvenir.

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