La bruja Meghan y los cándidos Windsor

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Damir Sagolj

14 mar 2021 . Actualizado a las 10:02 h.

El cuento de palacio nos lo conocemos, desde aquella maravillosa serie Arriba y abajo. No necesitamos detalles. Nos los sabemos todos. Oprah Winfrey hizo de confesora mediática de Meghan Markle para el mundo. Con su marido al lado, el príncipe Harry, tomándola de la mano, los duques de Sussex, explosionaron una bomba informativa.

El diario The Times decía a los 20 minutos que «las revelaciones son peores de lo que Palacio pudo haber temido». Y lo fueron. Isabel II y la familia Windsor, tan cándidos ellos, tuvieron que paladear acusaciones de racismo, crueldad y manipulación. Sapos que se tragaron con la facilidad histórica que les caracteriza. Tanto la reina Isabel II como su hijo, el eterno heredero, el príncipe Carlos, son expertos en encajar balas trazadoras sin que les cambie el rictus de poder. Los poderosos saben cómo mirar sin verte. Conocen perfectamente la posición de estatuas. Lo tratarán «en privado», han dicho.

Isabel II, cuando en el 95 Lady Di, hizo algo parecido ante las cámaras («en mi matrimonio éramos tres»), se puso de perfil con una frialdad ártica. Los de arriba son así. Meghan es la de abajo, la arribista, la bruja Meghan. Para los Windsor y su entorno palaciego, lo dicho por Meghan solo la define como lo que ellos ya sospecharon desde el primer día.