El que no haya sufrido es una piedra


Te saltas algunas horas de sueño. Las persianas de los párpados te pesan. El día es feroz. La noche es tu enemiga. Te sabes el número de baldosas, impares, entre la nevera y el fregadero. Caben siete prendas de ropa en cada línea del tendal. Si no son muy grandes. Al principio se te caían dos pinzas al patio de luces. Ahora hay veces que se te caen cinco o seis. El otro día, perdías al parchís y el tablero y las fichas saltaron por los aires. No es ira. No es rabia. Es fatiga pandémica, dicen los expertos.

Hasta el CIS de Tezanos, que esta vez nos ha mirado el interior de la cabeza para ver cómo estamos y no a quién votamos, afirma que uno de cada tres españoles ha llorado. Que la mitad de nosotros asegura sentirse cansado o con pocas energías. Que se han multiplicado los dolores de cabeza, las taquicardias y los mareos.

Una película española en Netflix, Loco por ella, de Dani de la Orden, nos habla del mundo de la salud mental. Lo hace de forma entrañable. En el filme está Luis Zahera, que lo borda. El actor gallego es un padre ingresado al que su hija pequeña le pone una tirita en la frente para que se cure un poco de lo que tiene. Y otra más para que se cure del todo. La inocencia de los críos.

Las enfermedades de la mente siempre han estado estigmatizadas, señaladas para mal. El confinamiento nos ha puesto por desgracia a muchos ante el espejo roto del alma partida. Lo único relativamente bueno es que por fin hay más personas que ahora entienden que es un ataque de pánico, como el pulso se te puede atragantar como una herida abierta en la garganta y provocar que pienses que te mueres sin llegar a morirte. El horror del vacío. El imán helado del pozo. Lo pequeño que te vuelves con los pies en un abismo. Tan pequeño que puedes llegar a desaparecer.

Estamos sufriendo. Las casas son unos hogares maravillosos, pero también se han transformado en pequeñas cárceles. Tenemos las pantallas. Pero ¿por las pantallas de nuestros móviles, de las tabletas, de los ordenadores, de los televisores te fugaste durante unos días o te hundiste cuando los días se convirtieron en meses?

Se ha multiplicado el consumo de antidepresivos, de ansiolíticos. No son píldoras mágicas, no son caramelitos. Tienes que ponerte en manos de profesionales. Que sean ellos los que nos guíen hacia la tenue luz de este túnel interminable. Poco a poco. El que no haya sufrido este año es que es una piedra. Una roca, que tiene en vez de corazón un iceberg de hielo.

Termino con un chiste del querido canalla Quique San Francisco sobre cómo los pesimistas son superiores a los optimistas a cuento del iceberg del Titanic: «Le dicen al capitán del Titanic, que era uno de esos optimistas que no puedo con ellos, vamos hacia un iceberg, y contesta el capitán: se va a enterar el iceberg». Mientras, aquí seguimos rajándonos el costado contra el hielo de los meses más fríos de nuestras vidas y ahora acordándonos de ti, Quique.

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