El cáncer y las personas


El cáncer da miedo. La propia palabra asusta. No es algo bueno. No es una oportunidad para crecer. No es una prueba o una lucha que debamos emprender. El cáncer es una enfermedad que cae sobre nuestras vidas y sobre las vidas de las personas que nos quieren y queremos. Rompe nuestros planes e interrumpe nuestros proyectos. Nos debilita y nos hace sufrir. Daña a quien lo tiene y a quienes están cerca. El cáncer mata, demasiadas veces.

Las personas con cáncer y sus familias nunca dejan de ser personas. Eso no lo quita el cáncer, en todo caso lo quitamos los demás. Las personas con cáncer saben disfrutar de una conversación agradable, de la cercanía de las buenas amistades. No necesitan que les preguntemos cada vez por su salud, como no lo necesita ningún enfermo, porque ya se suelen encargar las enfermedades de recordar que están ahí. A veces necesitan más espacio, a veces más tranquilidad, pero siempre se van a beneficiar de la buena compañía, aunque sea de lejos y por mensaje de texto. Las personas con cáncer tienen miedo, pero sobre todo temen por las personas a las que quieren. Necesitan recibir un trato digno y respetuoso con su autonomía. Y tienen derecho a ello. Como todos lo tenemos. Y tienen derecho a enfadarse, a equivocarse, a decir tonterías o a poner sus esperanzas aquí o allí. Igual que antes del diagnóstico, igual que hacemos cada día. Las personas con cáncer aprenden. El cáncer no enseña, pero las personas siempre aprenden. Se pueden reencontrar con sus familias, si se habían alejado. Cuidan y reciben cuidados. Pueden descubrir lo que más les importa. Pueden descubrir un espacio dentro de sí para lo sagrado. Y pueden vivir. Buscar la manera, como hacemos todos.

Las personas que no tenemos cáncer no estamos libres de compromiso, aunque sea de forma solidaria ante una enfermedad que mata a una de cada cuatro personas (las otras tres también morirán, pero de otra cosa). Necesitamos una sanidad en la que los pacientes con cáncer sean detectados y tratados en tiempo y forma, aún en pandemia. Para ello la atención primaria de salud es tan esencial como la oncología. Como sociedad debemos dar protección ante curanderos y estafadores, mercaderes de la desesperanza. Y recordar que, aunque la mayoría vive y sobrevive al cáncer sin necesitar ayuda psicológica, quienes la necesitan tienen derecho a acceder a ella en la sanidad pública.

Por Carlos Losada López Psicólogo clínico

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