Feijoo-Ayuso, duelo de antagonistas


Es cierto que Ayuso parece siempre enfadada y que dispara contra todo lo que se mueve en su territorio. Así, ha lanzado una andanada contra Feijoo. No fue especialmente cargada de acritud, pero sí lo suficientemente diáfana para que cumpliera con su misión: no dejar dudas sobre la intención de menoscabar al, en este caso, adversario gallego. Sin mencionarlo explícitamente, anteayer le envió un mensaje a través de la prensa, justo para decir que ella no participa de semejantes estrategias, es decir, que no pone recados ni da consejos a Pablo Casado «a través de los medios de comunicación». Curioso, porque, como todo el mundo sabe, si algo le pierde a Ayuso es un micrófono en on y... que salga el sol por Antequera.

 Feijoo se ha convertido en una especie de bicha para el PP dominante en Madrid. Representa todo aquello de lo que ahora mismo carece, rechaza y teme la presidenta de la comunidad madrileña. Feijoo es la moderación, Ayuso la radicalidad; Feijoo es la gestión, Ayuso, el caos; Feijoo es la estabilidad y la normalidad, y Ayuso, el follón y la tormenta. La verdad es que da la sensación de que la lideresa madrileña navega desnuda por los mares de la política más allá de sus boutades, mientras que la figura de Feijoo transmite la misma solidez en silencio que en pleno bullicio.

No es de extrañar, pues, que mientras el presidente de Galicia siga jugando al juego de ser un posible líder del partido, a cada paso que dé le siga una respuesta belicosa de Ayuso y los suyos. La madrileña, empujada por su Iván Redondo particular (Miguel Ángel Rodríguez), se ha convertido en un personaje, entre otras cosas, por su estrategia de confrontación con Pedro Sánchez. Ha buscado erigirse en una especie de líder de la oposición, incluso pasando por encima de Pablo Casado en su nivel de enfrentamiento al máximo gobernante de España. Probablemente, guiada por esa máxima que reza que uno es de la talla del tamaño de sus enemigos. De ahí que haya saltado a por Feijoo, sabedora de que son muchos los que consideran al presidente de la Xunta un referente para el partido e, incluso, fuera del PP. Ayuso, siempre cabalgando en la polémica, el disparate y el caos, no quiere que se le abra la puerta a un político que hasta la fecha no se ha decidido a dar el salto a Madrid, pero que lleva años enseñando la patita.

De cualquier forma, a Feijoo se le va acabando el tiempo. Una vez que se supone que esta legislatura es su última al frente de la Xunta, al presidente se le acerca la hora de clarificar su futuro dentro de la política y, más concretamente, dentro del Partido Popular. Quizá, lo que hemos visto hasta ahora son escarceos o globos sonda para ver cómo se respira dentro del PP y cuál es la respuesta de los barones ante la carga de profundidad que Feijoo le envió hace unos días a Casado a cuenta de su fracaso en Cataluña.

Mientras tanto, el PP sigue deshaciéndose, lenta, pero firmemente, camino de una ruina que, finalmente, igual ya no merece la pena gestionar.

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