Algo se mueve en Cataluña

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

GeneralitatRubén Moreno

18 feb 2021 . Actualizado a las 09:39 h.

Resultan decepcionantes los análisis sobre las elecciones catalanas que se limitan a constatar la obviedad: ganó el independentismo, incluso se ha reforzado -Sánchez fabrica separatistas como Rajoy- y la vida, por lo demás, sigue igual de mal. Dicho lo cual, los sesudos analistas abandonan Cataluña -la campaña ya concluyó- para centrarse en el resacón que experimentan Ciudadanos y PP. Y en sus mudanzas de sede, de dirigentes o de políticas.

Bien sea por pereza intelectual, ya sea porque no les gustan las conclusiones que siguen a la obvia, pocos han reparado en dos cambios sustanciales en el tablero catalán. El primero, que ha ganado la izquierda. Las urnas han configurado un Parlament con dos mayorías posibles. Una mayoría independentista: la representada por Esquerra, Junts y la CUP. Y una mayoría de izquierdas: la representada por el PSC, Esquerra y En Comú. Que esta tiene escasas posibilidades de tocar poder, en una comunidad polarizada por la disyuntiva independencia sí-independencia no, resulta evidente. Evidente en este momento y en este lugar. En la Cataluña de ayer no solo sería posible, sino probable, que se repitiese un tripartito como el presidido por José Montilla. En cualquier otra comunidad, incluidos País Vasco o Galicia, también: Salvador Illa sería presidente. Se impondría la dinámica derecha-izquierda.

Pero la constatación no resta relevancia al hecho de que exista una mayoría alternativa. Una mayoría que seguirá ahí, amenaza para unos y refugio para otros, durante toda la legislatura. Y que apelará constantemente a las dos naturalezas de Esquerra: su alma de izquierdas, en choque permanente con Junts, y su alma independentista, difícilmente conciliable con la izquierda españolista. Que Pere Aragonès, presidente in péctore, quiera evitar que Illa se presente a la investidura, o que flirtee con los comunes, o que amague con gobernar en solitario, prueba hasta qué punto la mera existencia de otra mayoría trastorna para bien la política catalana.