La libertad de expresión, según Pablo Echenique


Para Pablo Echenique, la libertad de expresión es un escaparate hecho añicos en una calle de Madrid. «Todo mi apoyo a los jóvenes antifascistas que están pidiendo justicia y libertad de expresión en las calles». Así de fácil llama antifascismo al fascismo este señor diputado: le pone un prefijo y, listo, dispara el tuit. El portavoz parlamentario de Unidas Podemos es la prueba de laboratorio de cómo los extremos se tocan, un Donald Trump de andar por casa jugando su particular asalto al Capitolio, la piedra que lanza Pablo Iglesias escondiendo la mano. Que Echenique transite fuera de la ley no es noticia: ya fue condenado a pagar 11.000 euros por contratación irregular de su asistente, y 80.000 por intromisión ilegítima en el honor. Ahora, jalea a quienes golpean, destrozan, incendian, con la coartada de defender a un presunto artista: Pablo Hasel, en la cárcel por sentencia ju-di-cial. Cuántas noches de cristales rotos tendrán que pasar hasta que Pedro Sánchez abra los ojos.

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