Ultraderecha y ultraizquierda


En el bochornoso Sálvame político con que TVE nos obsequió la noche de las elecciones catalanas, Pilar Rahola se desgañitaba contra un tertuliano a quien afeaba que hubiese establecido un paralelismo entre ERC y JxCat y Vox: «Junts per Catalunya es un partido que tiene gente en la cárcel, que tiene gente en el exilio, que tiene más de mil personas en procesos judiciales (...) ¿y me vienes a comparar a demócratas y luchadores con la extrema derecha?». En la nueva normalidad (o la democracia anormal, según Iglesias) en que se ha convertido España, lo que está a la derecha de la derecha es fascismo y lo que está a la izquierda de la izquierda es una oda a la libertad, un grupo de redentores y salvadores supremos conjurados contra «dioses, reyes y tribunos». Da igual que sean el brazo político de una banda terrorista, que se salten la norma fundamental de un país -el 91 % de los catalanes votaron sí a la Constitución-, que apedreen al candidato de la formación rival o que se mofen de él llamándole «negro ultra». Ellos son los tolerantes, los transigentes, los comprensivos, los demócratas... Son moralmente superiores o, simplemente, la raza superior.

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