Ganan los cuñados y nace UltraVox


Me decía un amigo que es una pena que no fuese Fernando Simón el que hubiese salido a explicar los números de las elecciones. Habría sido una gozada. «No descarto unas cuartas elecciones, aunque serán leves». La noria del Tibidabo no se detiene nunca y nos ha dejado como estábamos, en manos de los cuñados independentistas. Todo es dudoso, como un trilero de las Ramblas, pero suman los de siempre. Lo siento, hay luz en Waterloo. Todo es posible en política. Que los independentistas no respeten su pacto firmado. Que el PSC no respete su palabra. La campaña es campaña. Lo que importa son las sumas, las promesas y lo que está por prometer. La fontanería. Pero, de momento, la suma sale. La participación descendió en paracaídas. Fue el covid o solo el cansancio de tanta votación dividida. Los independentistas, desde fuera, son como los reyes de los cuñados. Los cuñados más cuñados. Lo saben todo. Decía un catalán, Josep Pla, citando una presunta frase de Homero, que «sabía muchas cosas, pero todas las sabía mal». La matraca independentista es así, no la aguanta nadie. Pero ahí siguen. El voto más fiel es, por un lado, el que tiene sus presos en la solapa y se cree lo del exilio en Waterloo. Estaba cantado a pesar de Illa. El voto, por la derecha española, se decanta por la rabia. Vox se ha convertido oficialmente ayer en Cataluña en UltraVox, mientras que Cs se ha diluido como una pastilla efervescente naranja y Casado sigue cazando nubes. Casado gana en Galicia, donde quien gana es Feijoo. Irrumpió la Illa encantada. La operación Moncloa funcionó a medias. Casi dobló escaños, que es una barbaridad. Sobre todo, cuando un escaño vale 21.000 votos en Lleida y 48.000 en Barcelona. El señor tranquilo, el filósofo calmado, casi lo consiguió. Hasta que irrumpa la calculadora independentista con su suma coqueta del cincuenta por ciento. La anemia de la participación deja a Illa pasmado a la puerta de la Generalitat. Sánchez saca, eso sí, poder decir en Madrid que, por la derecha, lo que asoma es UltraVox. «Entérese señor Casado, creo que le han presentado una moción de censura a usted». Sánchez no compite con Casado. Ciudadanos no existe. Es el moribundo CDS. Sánchez se enfrenta al Minotauro de UltraVox, con un pollo tremendo en Cataluña. Será complicado el parto nacionalista, pero hay mucho dinero y muchos puestos que repartir. Y nunca un catalán le hizo ascos al dinero. Los españolistas que se quedaron en casa, cansados de políticos, a llorar los resultados a otra autonomía. Esta es la autonosuya, la de ellos.

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