Al final..., la vida sigue igual

OPINIÓN

Quique Garcia

15 feb 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Si dejamos el folklore de la noche electoral, y analizamos la gobernabilidad de Cataluña, la situación sigue igual que en la legislatura pasada. Con el PSC (33 escaños) como claro y estéril ganador, y con ERC (33) dominando la confederación soberanista (71 escaños); con el PP (3) y Cs (6) arrasados; con Vox (11) y la CUP (9) eufóricos; y con En Comú Podem aguantando, toda Cataluña queda sometida a la geometría variable, al abuso de las minorías, y a una serie de discursos cruzados que solo pueden generar una mayoría formal y un desgobierno real.

Las elecciones de ayer forman parte de un ciclo político que se inició en un mitin del PSC-PSOE el 13-11-2003, cuando el ocurrente Zapatero prometió solemnemente «apoyar la reforma del Estatut que apruebe el Parlamento catalán». Lo hizo en el Palau Sant Jordi, ante 20.000 socialistas, y asumió la alocada carrera que iniciaba el PSC hacia «un nuevo encaje de Cataluña en España». Que los soberanistas transformaron con total facilidad, y no poca lógica, en lo que hoy llamamos procés.

Los dos gobiernos de izquierdas que salieron de la ocurrencia de Zapatero —Maragall y Montilla— fueron dos absolutos fracasos, que sirvieron de trampolín al independentismo, y llevaron al PSC a su mayor fracaso histórico. Y por eso tuvieron que inventar a Illa, tanto tiempo después, para ver si podía dejar atrás 18 años de desnortes y fracasos, y devolver al toro PSC a sus tradicionales corrales. Pero ayer se hizo evidente que tantos años de despropósitos no pasan en balde. Porque lo primero que hizo Artur Mas en 2010, en la sesión de investidura que le arrebató la Generalitat a Montilla, fue reivindicar un modelo de financiación exclusivo, del que colgó una «transición nacional» basada en el derecho a decidir.