La política del caos


«El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo», dice un proverbio chino.

Una pandemia provocada por una sopa de murciélago ejemplifica la estrecha relación que une acontecimientos aparentemente inofensivos con sucesos devastadores y remotos. Científicamente hablando, frente a las leyes deterministas de Newton, el efecto mariposa se explica por la aplicación de ecuaciones probabilísticas en el marco de la teoría del caos de Lorenz.

La democracia no es ajena a las simulaciones de la física. A Biden le espera la ardua tarea de retejer la sociedad norteamericana. Y aunque Trump haya tenido que dejar la Casa Blanca, al menos de momento, no desaparecerá por un agujero negro. En el mejor de los casos, su derrota supondrá un punto de inflexión -que no de fuga- para una deriva populista propiciada, para muchos, por el aumento de las desigualdades que dejó tras de sí la anterior crisis financiera.

Mientras, en la vieja Europa, en la antesala de las elecciones catalanas y holandesas, los populismos siguen ganando partidas. Es el sino de un tiempo en el que, en general, las respuestas de quien debería representar la centralidad democrática no están ofreciendo los resultados deseables.

Evitar los errores austericidas del pasado reciente, conforme a una gestión más igualitaria de la nueva crisis, parece fundamental. Esa lección la tenemos fresca. Pero, en la perspectiva de los efectos más perniciosos del covid para la economía y nuestras democracias, ¿qué más cabe hacer y esperar?

Sabemos que las crisis resultan más benévolas allí donde el discurso populista se enfrenta sin paliativos, caso de Merkel en Alemania, lo mismo que donde la política es ejercida por medio del diálogo y el acuerdo, caso, sin ir más lejos, de la vecina Portugal y el recién reelegido Rebelo de Sousa. La cohabitación democrática madura entre aquellos que representan la centralidad política propicia un mayor bienestar económico y ciudadano. Es una cuestión de patriotismo no meramente estético, que favorece al país y a los propios líderes que lo encarnan.

Lo contrario, la ausencia de ánimo de entendimiento político, ya la sufrimos en España desde el inicio de la anterior crisis. Ahora, además, en connivencia con un populismo que no dudará en redoblar su apuesta. En lugar de avanzar unidos, más allá del espejismo de la moción de censura de Vox, andamos sobrados de ruido en un escenario polarizado hasta el absurdo. A estas alturas de la secuela ya conocemos las consecuencias de esta estrategia para el conjunto del país.

Como se explica en La esencia del caos, los errores, por ínfimos que resulten, pueden acarrear efectos catastróficos. En democracia conviene evitar alentar este tipo de perturbaciones. Y es que, a pesar del lirismo de la imagen de la mariposa, inicialmente Lorenz ejemplificaba su teoría por medio de la tormenta provocada por el aleteo de una gaviota. Esto, en un sistema caótico, no lineal, como el del universo y el que se representa en la política española.

Por Orestes Suárez Antón Doctor en Ciencias Políticas

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